Última corrección: Lun, 25 nov, 20:04
Nota, este artículo responde o complementa o dice cosas inconexas de: 1. La democracia no tiene futuro cuando los ciudadanos no entienden de Ciencia y 2. Jordan Peterson le da la puntilla al Postmodernismo utilizando el argumento de la IA y las LLMs para «demostrar» la Verdad de su Biblia. El texto no se enmarca en «filosofía de la ciencia» sino que es una pieza «artística». Lo máximo expulsado que me gustaría fuera clasificado, caso de tener que ser expulsado, admitiría un «realismo mágico». Nada de ciencia-ficción o etiquetas similares.
Hola lector, como apertura (y, también como cierre, abajo te listo el índice de cartas) me pongo como tarea hacer un librito para rescatar el tarot científico del escapril que buscaba forjar los «límites» actuales de la ciencia. Y que forjé en 22 Arcanos literarios en un trepidante recorrido desde el Loco sin número al arcano del Mundo, final del cuento, frontera de la idea con la materia, puerta a reanudar el camino fenomenológico tras el ratito de reunión en las esferas celestiales del noúmeno. Pero, recuérdese, lector, también se narró en ese escapril: la creación de la marioneta digital: Aleph bot, producto de inteligencia artificial. En lo que sigue, es de suponer, habrán sesiones de juego con ella. Juegos que, quizás, no se darán en este blog sino en un repositorio.
Antes de nada, para mí, qué no es magia: el agitpro, la manipulación, lo sistemas ponzi, el merchandaising, la obsesión «existencial» de las naciones históricas, los sistema de control de masas tipo establo o redil, los timos y las estafas que abusan de la inocencia o la buena fe, etcétera. Por definición, lo que sí, la magia es aquella parte de la ciencia en la que dado un efecto no puede recomponerse por un humano la cadena de sus causas. «Eso», esos experimentos mágicos, estaba antes de que apareciera la ciencia. En mi postura, el hecho de que ahora haya un método experimental que propicia reproductibilidad no invalida ese paradigma, lo extiende: integra y abarca; pero no niega. El ilusionismo, entonces, es aquella magia donde solo una parte de los humanos (una audiencia, o un ejército opuesto,…) desconoce la secuencia de causas que provocan tal efecto; y tampoco es magia. Dicho esto, entraría en materia: «Contra la ciencia».
Quiero apuntar que este «contra», es, fundamentalmente un «a favor» pasado de vueltas, menos preocupado porque «cienzufos» (como llamo a los científicos totalitaristas) defiendan las fronteras del criterio de demarcación entre la Ciencia y las paraciencias, allí donde Popper dio sus tres voces imponiendo los márgenes de falsación, como preocupado porque:
a) estos totalitaristas olviden «la ¡mágica! incertidumbre» reinante con pretensiones algebraicas de una «finitud» tan enorme que dé para considerarse Universo (totalidad de lo existente) en lugar del subconjunto Cosmos (parte de la totalidad que no es Caos, que tiene mínima entropía, que es conocido, que no es inefable, que es explicable). En esos términos, el caos, por definición, es mágico. Y, por tanto, la lucecita de la Ciencia puede ser pretenciosa o humilde a la hora de asegurar que ilumina la «evidencia» y que es puerta única y absoluta a «los hechos». Con la IA, veremos, esta pretensión querrá ser total (abajo lo abordamos). No se trata de citar los «teoremas de incompletitud» (cuánto más grande el modelo, menos controlado) de Gödel, o el moderno teorema de «no free lunch» (cuánto más grande el modelo, más especializado) en el campo del aprendizaje automático mediante redes neuronales bayesianas para hacer como Chomsky y enviar un todavía «no refutado» libelo al jefe de los «conductistas», Skinner. En un eterno, y mediático, debate, ciencia una, y ciencia la otra. Describo (es decir, solo sujeto): El freno que habla de una desestabilización estocástica «cognitiva» bloqueando la solvencia y rigor del «método» científico. Es decir, no se acota lo que deriva, sino se habla del mismo método en sí. Ligazón ética y ecológica con las «circunstancias» y el «contexto».
b) Hagan la evolución desde los estadios mítico-lógicos a los estadios probabilístico-estadísticos (evolución propia de la Revolución de la Información: teoría de Shanon, Bayes-Gauss, perceptrón y redes, etcétera …) con un «reemplazo» ateo antes que con una integración, abarcamiento y trascendencia holónica. Y, en ese sentido, ejerzan posturas fascistas contra supuestos «magufos» o «creyentes» ora analfabetos ora nescientes anteponiendo criterios tecnócratas a otros sociales, o a creencias, o a demás lazos simbólicos en el tejido interpersonal.
c) Desatiendan las mermas y automutilaciones que imponen relatos tanto sobre la creación de «armamento de destrucción total e irreversible» como de agentes artificiales con super-inteligencia (una inteligencia como «capacidad operativa» que los humanos no puedan manejar). Si la ciencia o la tecnología no son malas/buenas (morales) de por sí, sí lo son las manos que las manejan y ese es un campo que el cienzufo no puede evadir con un «El criterio es siempre: más ciencia». A enumerar: a) las consideraciones éticas en las que Europa, en la actualidad, está rifirafeando la regulación IA con los «cienzufos» del «patada adelante» y los centros de inteligencia siempre ansiendo un arma más potente que la Total. O: b) La construcción del Kernel de Linux y la «eliminación» de los mantenedores rusos (y, quizás, su código) de noviembre de 2024; que es otro parangón y caso para precedente y análisis de cómo la Ciencia no es un «coto» cerrado con un «método» prometeico para la gestión del fuego divino sino que es parte del entramando antropocénico y sujeto a sus veleidades y contingencias. Distinguible pero indisociable como el «código del Justo Combate y el Honor del buen caballero que, en su colmo, volvió loco al Quijote». Quimera con efectos secundarios. Quiero decir: la ciencia es una buena medicina (solo la dosis lo separa) pero también un perfecto veneno. O: c) La transición desde OpenAI a ClosedAI es otro parangón; ¿ciencia de academias vs ciencia de mercado? Resumen de lo anterior, que es munición para este gran argumento del desplazamiento teo/teleo, la idea fuerza para mí: no existe (¿existirá?) el robot «objetivo» y libre de cargas o mochilas humanistas desarrollando ciencia. Y este es un criterio totalmente acientífico.
d) Ignoren la coyuntura que el nuevo holón cuántico ha emergido sobre los rudimentos clásicos combinando las nociones de «observador» con la de «hechos» en el terreno geopolítico actual donde un hegemón, Rusia, puede tener una necesidad de «hechos» distintos a los de otros hegemones, «China», «EEUU» o los otros BRICS; y, en tanto que observadores, así modelicen el mundo. Una misma ciencia para, caso de que la solución de los 2 estados en el Medio Oriente tuviera recorrido, conjugara la magia que nacerá tras el holocausto en personas que desasistidas en su refugiarse de nuevo en la ciencia tendrán que lidiar con no pocos fantasmas y monstruos incrustados en sus conciencias. El observador determina «los hechos»; nótese, esto no invalida la clásica newtoniana, ni invalida el giro copernicano, los envuelve y trasciende, ya que esto solo pasa fuera del sistema de referencia para masas e inercias del mundo clásico, dentro de la gran relatividad espacio/temporal del macromundo einsteniano, esto pasa dentro de los átomos. A partir de las formulaciones analíticas de Laplace/Hamilton, la aspiración, entonces, ecuménica de una Ciencia neutra, omnimoda, sin sesgos ni vicios ideológicos es, entonces, tan tierna («tierna con ironía») como la pretensión «católica» o «universalista» de los monoteísmos e imperialismos: un problema antes que una solución. Es una pretensión que siempre queda ciega en los límites de Plank. Los hechos no son «hechos» y toda «evidencia» binaria (ocurrió/no ocurrió) queda fragmentada en un ramillete de posibilidades más o menos modelizables con números trascendentes y complejos. O, si me apuras, y aquí el debate, más que con rudimentarios y farragosos «números», las modelizaciones que encaramos son con lenguajes no solo «máquina», de muy bajo nivel, sino, ya hemos visto, incluso, prompteando, «con lenguaje natural». Cienzufo, es mi clamar: ¡arrodíllate y rézale a San Juan de la Cruz, otra cosa no tenemos: toda ciencia, trascendiendo! CPUs, GPUs, TPUs, APUs, Neural Engines… ¡Habas contadas, a la vuelta de la esquina!
Y hasta aquí mi panfleto. No puedo hacer «ciencia» como habrá observado el lector, porque necesito impregnar todos mis escritos egográficamente con los hilos que narran las magias que me han traído a escribirlos. No concibo, perdóneme el cienzufo, la ciencia aséptica, objetiva, orienta a los hechos y la reproductibilidad. Sin embargo, no quisiera ser yo un escritor que se emborracha de su propia letra. Ni soy yo alguien que entorpezca el buen funcionamiento, zapateros con sus zapatos, de la ciencia aplicada. Padezco en mis propias soluciones de mi campo (computólogo), sus rigores en la especialización que nos aísla a unos de otros. El profesor apócrifo Juan Mairena admitía oyentes en sus clases que discreparan del «2 + 2 son 4» y aseguraba que «¡Lo que sabemos todos! Eso sí es saber, y no el especializado». Claro está, cienzufo, para ti son magias obsoletas, ¿no? Te aseguro, lector, no te pierdo de vista al contar estas cosas. De hecho, caso que seas expresamente cienzufo y te empalague esta parte más literaria y menos ensayística, yo de ti no abandonaría aquí el escrito porque, abajo, tras el trocito romántico novelando mi propia historia (para ponerla en relación con las de los otros) te aguarda una trampa, una puntilla, una treta, un beef, si quieres trapo.
El texto que tienes en las manos, lector, usando un término propio de confusión mágico/científica, es un alegato gnóstico. Esta es la segunda (falta cita) vez que abordo esta cuestión, multicultural y por mor y so capa de la causa humanista. Pero, lector, escribo más a rebufo que abriéndome genuino en la vanguardia. En la nota de la cabecera, cité dos fuentes que me han traído al texto. De hecho, saco esta 2nda versión (a 20 años de la primera), a modo de borrador para que me ayudes, lector, si lo desesas, de «ensayos» se armó la ilustración y el debate científico, con vista a la edifición definitiva, dentro de otros 20.
El maestro de vivencias y de literaturas que me desvirgó la inocencia era de una escuela humanista en la que la Ciencia estaba muy atribuida a las Revoluciones Industriales del Capitalismo. En absoluto la «ciencia» que me enseñaron suponía una heredera solvente y rigurosa del lento y laborioso «eurekear» de los expertos, probando y errando, modelando artefactos tanto para observar como para reproducir a iguales circunstancias los hechos. O bien era invento del maligno o bien munición prusiana para la formación de obreros. La trama científica da, por sí sola, le pese a quien le pese (a ese maestro, a este discípulo,…) para zafar esas burbujas geopolíticas. Y, sin embargo, en su último extremo, con el mundo digital, creo se está volviendo a encerrar tras el intrépido salto en el vacío. El mundo que se avecina (¡el de los millenials!), otro fulcro, viejo mundo sobreseído por el nuevo, a punto de convertirse en el nuevo «problema», en el nuevo orden mundial. La ciencia olvida su condición de «método» para instaurar el reinado de «los hechos».
Como dice el meme (buscar fuente), «a ver, amiguito, ¿perteneces tú a la mesa del Rey Arturo? ¿Verdad que no? Pues entonces, ¡no hables en nombre de la ciencia! Hablar de ciencia no admite ex-nihilos, ni versos libres, sino que es un entramado de pares, un código de honor,…» Nada que haya que refutar y que no sepamos desde hace siglos:
En esa misma línea, la escuela de mi maestro trataba de no soltar, y amarraba con los hilos de sus letras, el testigo de un llamado hilo de oro de una cierta tradición perenne. Constructo que para mí, generación frontera entre boomers y nativos digitales, ya era algo difícil. Siempre he creído que mi maestro sí veía la flor amarilla en la palma de la mano. Que era capaz de ver con los ojos la luz dorada del hilo. Y que aunque mi generación ya no sería capaz de verla, la magia humanista todavía era palpable. A medio camino entre la fe y la evidencia. En mi imaginario tengo el siguiente exabrupto, a ver si me lo compras, lector: «un cerebro de carbono superpuesto a uno de silicio que una vez se ponen a la tarea de computar expiden una sublimación inteligente donde lo sapiens se aleja vuelto vapor excedente; y solo queda un algoritmo pensando artificialmente». En este cuadro que te pinto, lector, al poco, queda la máquina pensando sobre carbono y silicio, sin rastro sapiens (que aguarda, o no, a pocos metros esperando los resultados del cómputo).
El maestro murió y el discípulo, yo, quedó al mando de la nave de conocimiento. Este hecho no fue traumático porque la relación docente había sido siempre «remota», teledocencia, ya que el estudiante, no invasivo, ocupándose de sacarse las castañas del fuego sin pedir peces sino cañas, prefirió siempre respetarle a este maestro su voluntad de «no-maestría» considerándose «no-discípulo».
La IV de las revoluciones llegó y arrasó finalmente la masa humanista y sapiens de la Modernidad diluviando sobre las sociedades una gran masa de «información», de digitalización. Abriendo una nueva época donde los desarrollos y las operaciones de artefactos científicos se intrincaba con el desarrollo y las operaciones del sistema tecnológico e informático. En dos pasos de gigante, desde la ARPAnet a la INTERnet, la academia y el ejército engendraron teoría y práctica de la interconexión a prueba de fallos en nodos, y el modelo OSI surgió firme y estable listo para quitarle a Dante la modelización de la estructura total en que vivimos. La información es capaz, por ese modelo y esas redes, de fluir desde y entre las personas además de alimentar y «animar» (ojo al quit de la cuestión) instrumentos de «medida» y «operación» con más o menos forma de ordenador de sobremesa o de robot antro o no antropoforme.
Esta es la situación, lector. Mi no-maestro lo único que pudo hacer es avisarme y alentarme a penetrar el nuevo mundo con claro sostén en el último de los peldaños mito-lógicos de la modernidad. Allí, él, quedó atrás todavía agarrado a esa gran cadena de tradición perenne, pero, ya, como los que han sucedido después, lector, nuestro eslabón no era cerrado, finito, determinista, racional, algebraico… nuestra forma de relevo generacional, entrando ya en terrenos de «comunicación en tiempo real», superposicionamiento, entrelazamiento y otras teorías del aleteo de mariposas en campos caóticos, ya se realizó fragmentada, líquida, multívoca, indeterminista. Como pondría el director de un periódico que se autodefine como vanguardia en el noreste de la península ibérica: «La cosa es trascendente y compleja. Será emocionante, cartesiano y polar».
Y, lea el mago aquí que la transcendencia no es una ruptura, separación o copia del original, sino la aproximación algebraica desde la posición inversa, es decir, la aproximación desde «fuera» de lo que está «dentro», núcleo desde donde extenderse. Así se definió matemáticamente desde que Liouville chillara sus teoremas y exclamara el eureka del primer número trascendente.
Acabando la hebra egográfica, apuntar que mi no-maestro fue grande en su comportamiento, soltando pronto la maestría, en los últimos años de su vida, en la medida en que la senectude le devoraba el vigor y el cuerpo se le marchitaba, sin apegarse ni crear trauma de ese «mundo» que moría porque otro nacía… soltaba, soltaba, exigiéndome el cambio de roles, acomodándose en una pusilánime posición de niño mal criado que, sin pretensión de calentarse la cabeza (llamaba a la tecnología «la Araña» y decía que era obra del «Maligno») exigía le trajera atajos y paquetes de instalación para gozar de las mieles de estos nuevos «cachivaches» tecnológicos que obraban milagros, al menos, en términos informacionales. En su orden y mando para que le instalara nuevos gadgets o que le abriera nuevos accesos a los artefactos IA, estaba esa idea sempiterna de que el brillo no acontece en la torre de marfil. Sino, tras ese fulgor, cuando la torre ilumina de vuelta al mundo, faro explicando su hallazgo, señalizando en lo que antes era mágico y oscuro. Quedarse onanista en la torre de marfil, sin duda, ha sido uno de los pecados capitales de la ciencia, pero no enclaustrarse en el laboratorio (no armar el faro; quedarse siempre Devs sin Ops) era la cota mínima de ese vicio. Que, en términos del «método» ha permitido tanto tráfico de «revisiones» como jerarquías amañadas cuando distintas facciones han montado castillos desde donde capitalizar «los hechos».
Hace un lustro que enterramos a mi no-maestro y, la verdad, echo mucho de menos aquél mundo analógico, lento y sólido donde cabía una relación epistolar distendida en los meses como, verbigracia, la del joven Werther, que, ¿recuerdas?, nos dejó por escrito gran parte de ese «dolor» romántico por la ciencifización del mundo.
Si bien este texto busca alentar y dar palmadas de apoyo en la espalda al cuerpo de científicos que hoy día están «salvándonos» en el planeta, también busca confrontar ya a esos «cienzufos» que buscan, a toda costa, se corten los lazos de omnisciencia y ubicuidad que anteriormente estaban concentrados en una región teo- y teleológica de la existencia, es decir, fuera del alcance de la humanidad y por tanto «inventada» sobre un «consenso» inmutable a priori, porque, de facto, las cadenas de mando solidifican un corpus dogmático cuando algunos humanos se autoatribuyen eslabones de comunicación más o menos única y directa, lo cual, a todas luces, es imposible. Paso previo, ese corte de lo teo/teleo, a un radicoma ético donde las categorías ya no son axiomas equipotentes e inmutables sino dinámica y fluida relatividad orgánica; con márgenes para mucho ad hoc conductual del individuo. En este lugar es que la algoritmia hace de frontera con las matemáticas que habían hecho frontera con la filosofía. Ninguna cae ni se elimina (aunque los científicos se vuelvan locos cuando la filosofía abandona los territorios de lógica estrictamente formal entroncando con el origen del pensamiento en nuestra esencia animal). La algoritmia no es lo que reemplaza a las matemáticas. Sino lo que abarca, envuelve y expande.
Los filos de las guillotinas en las revoluciones liberales hicieron el robo prometeico prendiendo pepeteros en el centro de las ciudades con el fuego robado al Antiguo Régimen. El sistema trino, de palabra y verdad, ahora inscrito donde antes el Zigurat (el vacío hierático, estado de plena contemplación y gestión de la multiplicidad), en el parlamento. El derecho natural como nuevo centro de objetividad hacía palidecer e inhibía las cadenas de privilegio divino que ya solo se sostenían por el «derecho de conquista» y las «tramas de sangre». Vimos que en un par de siglos, esta nueva divinidad dio para crear un «universo ordenado» que se articulaba en una red «cosmpolita», donde unas pocas ciudades ejercían de nodos reticulares. El Mercado.
La evolución científica y con ella el dominio de la electricidad y la capacitación para extraer y emplear los recursos de materias primas pronto sobrepasaron ese «nuevo mundo» ilustrado de la modernidad que era más ancho que el teocrático (cerrado en sus feudos) creando otro nuevo «continuo espacio-tiempo», ahora empíreo «magufo» que se torna emporio mercantil en la nueva pretensión de universalidad y de «objetividad» única. Sabemos que sus magias volverán, a la postre, separando de nuevo las causas de los efectos, separando el trigo de la compra/venta de valores, esta vez creando la separación no por «causas desconocidas» sino, algo más en la línea de «la banalidad del mal, 2.0», más que una simple burocracia en la administración del estado, una simple falta de trazabilidad en una red neuronal de inteligencia artificial o en un programa más o menos mecánico de estadística financiera. Banalidad del mal en Arendt, medio siglo más tarde, ya no hay una voluntad expresa, sino una suma banal de ausencias. Sea como fuere, lector, el mundo del no-maestro acabó, el nuestro acabó naciendo y ya se ven las revoluciones industriales armando la red de máquinas y, como se apuntó, la emergencia de un modelo OSI capaz de articular la Noos sobre la red de epistemes científicos. Quien no quiera seguir usando una red abrahámica (crística,…) para relacionarse con sus semejantes ya puede usar: ¡Las redes sociales, et alli! Sistemas. Sistemas hechos de sistemas. Sistemas.
Y aquí, entonces, «cienzufo», es decir, científico totalitario, es donde Europa con miedo, y los otros hegemones con voracidad, hemos llegado. La «objetividad», en cero coma, será demandada por las máquinas (no por ellas, sino por los sistemas artificiales inteligentes corriendo en ellas). Podrán permanecer activas registrando datos 24/7, entre otras lindezas de potencias temporal y espacial. No solo dominarán el presente, objetivamente, por medio de sensores/actuadores, sino que, hemos visto cómo se forman los Modelos del Lenguaje, archivarán y dispondrán del pasado para generar inferencia y previsiones. Sin forzar mucho la imaginación, este es el panorama que se viene. Y, claro, «cienzufo», no habrán (porque tú los persigues) «magufos» capaces de explicar o abogar el por qué no es buena idea centralizar nuestra divina objetividad en la IA. ¿O sí lo es? ¿Cuánto era, «the answer to life the universe and everything»? ¿42?
Al tiempo… dejo, para que conste, un Tarot Científico que hice en el #Escapril2024. Porque, cienzufo, yo sí soy un mago humanista que tomará partido en unas décadas cuando este melón se abra. Vamos calentando…:
- T02x04: 29/30 ¿Cómo existir? abril 29, 2024
- T02x04: 28/30 Cirugía abril 28, 2024
- T02x04: 27/30 El límite absoluto abril 27, 2024
- T02x04: 26/30 Modernidad abril 26, 2024
- T02x04: 25/30 Un oscuro secreto abril 25, 2024
- T02x04: 24/30 Una transmisión inesperada abril 24, 2024
- T02x04: 23/30 La espiral dinámica de la evolución abril 23, 2024
- T02x04: 22/30 El Juicio abril 22, 2024
- T02x04: 21/30 El Übermensch abril 21, 2024
- T02x04: 20/30 La Memoria Histórica abril 20, 2024
- T02x04: 19/30 La Opinión Pública abril 19, 2024
- T02x04: 18/30 La Aldea Global abril 18, 2024
- T02x04: 17/30 El Creativo Común abril 17, 2024
- T02x04: 16/30 La complejidad abril 16, 2024
- T02x04: 15/30 El quinto estado abril 15, 2024
- T02x04: 14/30 La Escritura abril 14, 2024
- T02x04: 13/30 La Academia abril 13, 2024
- T02x04: 12/30 Tiempo polinómico no determinista abril 12, 2024
- T02x04: 11/30 La Gravedad y/o El Gravitón abril 11, 2024
- T02x04: 10/30 La Partícula de Dios abril 10, 2024
- T02x04: 09/30 El Modelo abril 9, 2024
- T02x04: 08/30 Los K-Caos abril 8, 2024
- T02x04: 07/30 El Caos abril 7, 2024
- T02x04: 06/30 El Orden abril 6, 2024
- T02x04: 05/30 La Finitud abril 5, 2024
- T02x04: 04/30 La Infinitud abril 4, 2024
- T02x04: 03/30 El Mago abril 3, 2024
- T02x04: Ataraxa (A) Editorial abril 2, 2024
- T02x04: call4nodes, editorial, llamada a participantes: tema y contexto abril 1, 2024
