T02x04: call4nodes, editorial, llamada a participantes: tema y contexto

De: Aleph
Destinatario: Redaccion_grupo
CCO: TreceMundos@fantaziencia2.x
Asunto: T02x04: «Por qué quien llama a otro ‘magufo’ es, sin excepción, un ‘cienzufo'»
Fecha: 01/04/2024

No hay revolución posible sin mancharse las manos o manejar el tirachinas. Entre lo uno y lo otro, nótese: entre ellos media la intensidad de la violencia, prefiero lo primero.

Iluso, quizás, naíf (ingenuo), en estas cuatro décadas y media de vida, estoy tratando, desde que me conozco y desde que monté el armazón para mi concepción del devenir del mundo, intento hacerlo pulcra y cuidadosamente sin violencia. O, con cotas violentas inferiores al 15%.

Esta declaración me sirve como acicate para declarar abierto el nº4 de la temporada 2 de la Revista Digital Escrivivir.co, y para trazar, a uno de abril de 24, el call4nodes, la llamada a participantes, esbozando la dirección que, editorialmente, creemos oportuna; y aquí, sucintamente, se esbozará, para que conste y de pie a los participantes a idear y plasmar sus propuestas.

Una piedrita, seguramente muy impopular aquende la línea de demarcación y, quizás, incluso, hasta imposible de concebir para aquellos enfermos anglosajones que aplicaron técnicas de fusión atómica semántica al verbo «To Be» privándose, desterrando una dimensión y quedándose con la otra, de eso que los demás (algunos, verbigracia, lengua en la que hoy-aquí escribo) diferenciamos entre Ser y Estar.

Efectivamente, para esta laya de lectores, la piedrita que pretende ser este cuarto número, puede, se dirá, que pretenda meteorito con gran poder de aniquilación caso de estamparse contra el reducto, el subconjunto, el caparazón, decimos, del territorio cientifista o ciencifista que nace de la línea de demarcación y se extiende, aséptico, puro, libre de error, separado de la magia, entre esa pretensión de niño pequeño, solipsista hasta la hez, de cerrar los ojos para eliminar partes del mundo, inteligencia barra voluntad capaz de erigirse amo y señor de la existencia al punto de afirmar: «si no entra en una categoría de las apriori, entonces, ignoramos, no existe» en el buen entendido benigno de neutralidad o bondad en la fusión To Be en la que tal fuerza psíquica no es caprichosa ni antojadiza (al menos, se le presupone) a la hora de apriorizar las categorías sino que se obliga y debe al extremo opuesto, si acaso esa voz es sujeto, de las últimas pesquisas y evidencias consensuales por pares en el cortijo científico, a día de hoy, enfrascada con quarks, bosones, gravitones y demás utillería de la cuántica. No es física clásica/mecánica la física cuántica ni, desde Aristóteles, es física la metafísica en el sentido de que estas tres disciplinas tratan de temas distintos quizás imposibilitando la cancelación de una por las otras. Pretender que una sola de ellas explica el mundo, es de cienzufos.

La hegemonía científica del mundo posmoderno (pre-digital) es apabullante. Actualmente, dentro de este hegemón, perdón, en la periferia del mismo, existe una corte de divulgadores a los que la palabra «magufo» le resulta especialmente gustosa.

Repartiéndola a diestro y siniestro a poco que alguien intenta entrometer cadenas sin trazabilidad entre el verbo Ser y el Estar. Reduccionismo snob anglosajón al monolito To Be.

Para la ciencia, una sola cosa, como dijimos, un ego-trascendental deviniendo como ser sujeto a un objetivo mundo que está y al que, con el método científico, se le intenta (aquí la gracia, el chiste, el punto de fuga hacia la magia: jamás se consigue escala 1:1) trazar mapa. El territorio, siempre se escapa a las tierras movedizas del pasado, siempre acontece desde las tierras gaseosas del futuro. El mapa, siempre, queda como honrosa modelización de la que solamente un «cienzufo» sería capaz de tomar por el territorio. Suena a «magufo» que un «cienzufo» use su mapa para demostrar que tal otro está fuera de la línea de demarcación.

Creo que el ataque no debe dirigirse a la ciencia, ni tampoco tocar el tema del criterio de demarcación (ya cubierto en el número anterior en la excelsa obra del enciclopedista SolveEtCoagua).

Aquí no se pretenderá guerra o revolución contra el verbo To Be, como acto reduccionista que traduce las frases «yo soy, yo estoy» a la frase «I’am».

Aquí lo que se intentaría sería lanzar piedras a esos «cienzufos» (divulgadores de la corte de la periferia) que profesan una auto-concedida autoridad para tildar al prójimo de «magufo».

No querríamos aquí discutir o atentar contra el categórico científico por excelencia donde las mismas causas generan mismos efectos, si reproducibles a iguales condiciones de inicio y contexto halladas por el método de prueba y error. Pero, en particular, resolviendo el ejemplo del To Be barra Ser/Estar, sí nos interesa incluir las magias de ciertas pérdidas de trazabilidad cuando estos pasos o fulcros secuenciales se encuentran en esa doble dimensión que el To Be es incapaz de discernir, ciega a esa diferencia entre Ser y Estar. Que el cienzufo no vea los eslabones que faltan no invalida la cadena por mucho que repita hasta la hez: «magufada». Razones de «emergencia» explican cognitivamente, aunque no conductistamente, tal causa-efecto. Como decimos, la incapacidad de un holón para incluir al que le contiene en la ecuación: ¡es cienzufa! Una alma, precisamente, engarza la finitud del Ser con el infinito transfinito. Esta última frase únicamente les sonará «magufa» ¡a los «cienzufos»!

La ciencia no consiste en cerrarse al misterio, sino, todo lo contrario, en no perderlo de vista. ¿»Magufo» quien viene del exótero, de la vastedad, de la negrura honda cargado de polvo metafísico y ontológico? ¡No!, pero, tú: ¡cienzufo nesciente! Solo un cienzufo insultaría a quien regresa a casa y, en el lazareto, muestra una caja llena de causas-efectos con agujeros en la secuencia de trazabilidad. En lugar de afinar la mirada fuera de sí, fuera de la línea, allá donde se expande el misterio, el cienzufo se tapa las fosas nasales con los dedos y exclama: «¡Puaj, qué asco, magufo!» Mientras que el ciencifista, agudizando la mirada, buscará en la caja, y rebuscará a pesar de la magia, con la esperanza de obtener nuevas materias y formas del misterio.

Es necesario, creo, fijar en este número, junto a esas piedritas, junto a esos libelos, junto a ese suicida atentar contra el hegemón, junto a este infantil y naif: «¡el rey va desnudo!», o ese mentarles «lo cienzufo» a quienes, creciditos, encerrados en su monolítico To Be, se otorgan superioridad para defender la línea del criterio de demarcación con el ad hominen (en lugar de acudir al debate de los efectos sin trazabilidad); es necesario creo, levantar en este número tamaña fortificación que le permita a la revista mantenerse a flote y seguir publicando números cuando, a un mes vista, el sector violento de los cienzufos ejemplifique con su ataque la negación y el ignorar del sector moderado, quienes, se insiste, altivos, despreciaran con su desdén estas letras magufas. Girándose y dándonos la espalda, mostrándonos su culo desnudo, aunque por delante figuren tan vestidos y ornamentados, en la parte de sí (no tienen alma, porque han erradicado de la existencia, solipsistas, el material mágico con el que se forma) que muestran al mundo.

Además, seguimos el hilo del año 2, T02x01: «Seguir el rastro del dinero», con la intención de ubicarnos espacio-temporalmente entre las cotas que van desde la implantación del sistema de economía-nacional unificado en uno de los modernos estado-nación (como, la Peseta en España) hasta, cota máxima, la integración de este sistema unificado en otro holón mayor (como, España en el Euro).

Así, para ir cargando tirachinas, invito al equipo a usar esta piedra que me saco del zapato, tantos años intentando realizar el ejercicio que mi maestro de metafísica (nacido en tiempo y espacio dentro de esas cotas de arriba) me propuso (aquí la primera persona es mayestática y refiere a los discípulos), a saber, glosar unos pocos conceptos, 7 u 8, con la propia voz para poder abordar esa delicada cuestión que se titularía: «La construcción de un alma».

¡¡Ah, amiguito, cienzufo!! ¡¡Cómo se te llena la boca al escupir sobre otro el término «magufo»!! ¿Eso haces, aunque millones de pares ciencifistas se asombran de tu estupidez contemplándote lanzar tal insulto allende la línea del criterio de demarcación, eso haces? Y, así… ¿vas sin alma por el mundo? ¿Con únicamente el To Be, sin poder salir del territorio científico, ni recoger flores del territorio que se abre entre el Ser que es y el Ser que está, qué hiciste, te montaste un alma algorítmica, determinista y sistémica? ¡Vaya bodrío de alma, calzas, «cienzufo»!

Entonces, en un resumen, equipo, que seguro ya sabéis por dónde quiero ir, y, más, sin duda, ya sabéis el nombre y los apellidos del maestro de metafísica al que os imploro me ayudéis a homenajear; sabréis ya, así como el título de la obra: «Realidad y Sustancia» donde él (tras 20 años) resuelve el ejercicio (y, entonces, tras ello, propone: Ánimo y «viviente»), ¿aceptáis el siguiente itinerario?

– Rescatamos el Templo del Alma resiguiendo los capítulos de «R y S», a recordar: «La acción como el sí mismo, el sujeto» seguido del «El sí mismo como acción». Recordad el resumen que el maestro impartió en «Sobre el mapa del alma y el mapa del mundo» (X Encuentro Eleusino).

– Cargamos las calderas de aceite y preparamos las hogueras para cuando vengan los cienzufos violentos, así como disponemos de baras largas para tirarles abajo las escaleras. Aseguramos el Templo del Alma y lo disponemos para resistir el embiste. Recordad:

a) devenir: no hay presente (o es muy cortito), transición constante. El uno. De este sale el dos…

b) sí mismo: testigo del tránsito en el devenir. Puede afirmar, si lo desea. Del dos sale el tres.

c) razón: i) argumento arbitrario; ii) argumento reflexivo, iii) argumento de necesidad. Del tres sale el resto de las cosas.

d) objetos y actos: doble dimensión del sujeto racional (fenómeno, noúmeno); materia y forma. Propuesta del maestro homenajeado (y que rescatamos, ¡vociferamos!) Ánimo y «viviente».

– Levantado y asegurado el templo, tiempo para cargar los cestos de las catapultas y flechas, para afilar espadas y revisar escudos. ¡Resistiremos aplicando el criterio de menor violencia posible a cualquier grupo o cualquier lobo solitario de las ordas «cienzufas» al que no le baste con ignorarnos o descartar nuestro ataque «magufo» sino que se instaure en su voluntad aniquilarnos! ¡¡deberán lidiar con nuestra firme intención de permanecer!! Armad y registrad, os encomiendo, tanta como podáis, el máximo de munición para disidentes (parafraseando las de realidad-verdad-política de Ibáñez Gracia, Tomás).

Titular y girándula de salida:

¿Por qué quien llama a otro ‘magufo’ es, sin excepción, un ‘cienzufo’?

A.

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