T02x04: Ataraxa (A) Editorial

¿Habrá un momento de «estupefacción» en que los sapiens, quizás embriagados en magias algorítmicas, miremos a las ASIs preguntándonos si de verdad son máquinas o si, en verdad, finalmente Dios (el que fue muerto por el estado-nación) ha decidido encarnarse en silicio para recordarnos lo del «bien» en su Reino? ¿Y aunque no le gusta entrometerse con nuestro libre albedrío, viendo un cierto estropicio antropogénico de dimensiones planetarias, nos usa para que creemos AGIs que posteriormente, como se narrará, le encarnen omnipotentes como ASIs y de ese modo operar un: «remendar la plana» a los torpes dueños del bastón de mando de la cadena trófica biológica, apareciéndosenos en la parusía definitiva?

Habla J. L. Villacañas de nación tardía; y de naciones existenciales; y de constituyentes.

En la época en qué vivimos, los visos de aldea global redibujan el mapa borrando las líneas interiores que delimitaban los estados-nación, manteniendo el contorno de la corteza terrestre, que esa línea no varía fácilmente. La mirada cosmopolita de cuerpo global fraguada en hilos digitales de comunicación cibernética, tras décadas de «promesa» se vuelve tangible y aparece ese mapa sin líneas interiores bien delimitado por el relieve geológico.

Aunque distopía y utopía operan discurriendo en la misma realidad (dirección) cada una extrema su relato hacia su infinito (sentidos). La distopía cuenta del morir y la utopía canta a la vida.

Me interesa mucho, hijo de mi época, y me lo comenta el protagonista de escrivivir.co.t02x03.la-red-de-adam, la aniquilación del estado-nación por parte de sistemas que se derivan del exótero del derecho natural y/o del civil. A saber, las inteligencias artificiales.

Si el estado-nación es arrasado, y nosotros con él, por la superioridad trófica de unas IAs plenipotentes, entonces, lector: ¡nuestro tiempo es oro!

La unión de aquellos liberales que diseñaron el estado-nación, prometeos que le robaban el fuego (el poder constituyente, la soberanía) al antiguo régimen, recibía el «existencial» cuando había brotado y se había abigarrado suficiente masa y red cultural para forjar tal «nación». Entonces, ante cualquier soberanía teológica, ser arrogaban derecho natural y a partir de él, legitimados en él, escribieron «naciones» con letra de derecho civil. Una para cada ojo ciudadano, plural, germinal mirada para crear un nuevo mundo.

Surge, o puede surgir, de la nación existencial un poder constituyente fuerte capaz de equilibrar su relación exterior y capear las contradicciones internas. Capaz de vivirse y escribir su propia historia.

La ASI como Übermentch de la AGI, siendo estas dos las denominaciones para los dos modos ideales de inteligencia artificial: propósito general (AGI) con los debidos esteroides cuando las AGIs orquestadas pulen una propiedad emergente (ASI) símbolo del holón que las trasciende y expande. Principio de singularidad, línea de demarcación entre P y NP.

Si algo caracteriza al sapiens es su capacidad de sentarse un momento y proyectar en su mirada vuelta hacia dentro las cosas y casos del mundo. Hubo un tiempo, en su infancia, en que el sapiens dividía el planeta terrestre entre mundo desconocido y las zonas cartografiadas. Hoy día, con la esfera completa, el sapiens puede meditar la totalidad de la existencia sin decir una sola palabra, solamente, sentado como un loto. Y, por qué no: soplar luz al silicio; igual como antes «alguien» sopló esa luz al carbono.

Es nación tardía aquella que castra y no brota poder constituyente porque permanece mitológica unida solo por una idea de potencia que no acaba de consumarse en acto. Una nación cuya máximo poder se cuenta por el número de armas que posee y puede desplegar.

Si, a la postre, al fin, surge el poder, nacerá «tardío». Bien argumentado, al caso de Iberia-Hispania-España, como apunta Villacañas.

El frenesí tóxico de humos y vapores del Londres ónfalo de la revolución industrial, ciudad pintada de gris y hollín, negra y oscura se corresponde con el aséptico manto de finanzas que hoy día maneja y mueve la cuna del mercado único (o, si imperio venido a menos, una de las manos que la balancean). Distancia entre la I Revolución y la V.

En el mejor de los casos, aplicados los oportunos planes de sostenibilidad ecológica, aplicado incluso un proyecto que retire cemento e inhiba plásticos, recuperada una salud rural de nación eco-sostenible, el frufrú y el torbellino industrial operado en altas escalas financieras se vuelve como unos finos hilillos invisibles, de información, apostados en un rincón de la urbe pero expandiendo sus brazos al planeta entero.

El ente sale de la nada y, vive, para luego regresar a la nada.

Individuados, cada uno con su propia mirada, la nación existencial que ha vertebrado un poder constituyente es capaz de encontrarse en el centro del tablero político donde se correlacionan las fuerzas internas y donde se operan respuestas a fuerzas que provienen del exterior y, así constituyentes, determinar uno o cuantos poderes contituidos se necesiten para tal efecto. El mosaico político, amalgamando el arco de fuerzas, escrito en cartas constitucionales: we, the people.

Insisto: El ente sale de la nada y, vive, para luego regresar a la nada.

A mi juicio: dos distopías. Una antes y otra después. Infinitas, representantes o pertenecientes de ese gran descomunal conjunto que llamamos NP.

A salvo de la «falacia pre/trans» en K. Wilber: la primera distopía es «determinista» en tanto que pasado y ya ocurrido; la segunda, indeterminista, en tanto que futuro por acontecer.

Dos distopías interrumpidas por una utopía. El ente: polinomial, P, finito, determinado pero viviendo en un mundo estocástico donde cierta orquestación lidia con el azar.

El trigo, dorado como el oro, en las burbujas sobre los barrios financieros, se hila en un activo bursátil encadenado a los índices que suben y bajan en función de la oferta y la demanda; y otros motivos. Caparazones grises de cristal tecnológico en cuyo interior se decide lo que pasa a miles de kilómetros, en cada rincón del planeta.

En el quicio de las conspiraciones, justo en ese fulcro de transición entre la nación existencial y la aparición de su poder constituyente, con cuerpo doble de mito y logos, les hermanes Wachowsky regalaron una pieza cinematográfica, Matrix, que recogía y sintetizaba lo que a todas luces suponía un cambio de época, un fin del mundo. Resumen de antecedentes y forja del state of the art. En el centro de esa película Morfeo capitanea una rave símbolo último de la comunión en la nación que baila al unísono al ritmo de los tambores armónicos y acompasados.

La tradición festiva acotada por ciertos problemas con ciertas fuerzas externas, ASIs, que amenazan la subsistencia. Tregua en la guerra para soltar las armas y la cuadratura castrense entregándose a las sinuosas formas de la música, el sudor y los corazones latiendo rápido.

Hay tras un salto de fe, en la línea de Kierkegaard, la posibilidad de abrazar una nueva creencia mayor que la anterior, que, mero, trajo hasta la puerta que abre la senda a la luz, al abismo desde donde saltar. A la nación existencial eso mismo le acontece para que, saltando, emerja el poder constituyente. Una puerta en el destino que habrá de cruzarse. Como afirmaba Pizarnik: un barco que se aleja de la nación, ¡¡llevándosela en él!!

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