T02x02: Ensayo (humanismo): la escritura del s XXI (editado: 24/02/24 0:23: agregado Gran Finalle y resultado (tesorito) del experimento)

c) Ensayo

Tenemos en la editorial el convencimiento de que más de uno y más de dos palatinos de tal o cual ideología política actúa para con ella de la misma forma que hace un autómata de Searle operando en «habitaciones»; a saber, operar los símbolos ideológicos según el argumentario repartido a diario desde la cúpula sin muy bien entenderlo ni comprender qué se deriva de tal acción. Esos palatinos abundan, pensamos, recibiendo estímulos y devolviendo, a rajatabla, la acción política que, decimos, orquesta la dirección. En ese sentido, de cadena de ordena y mando, tales personas podrían verse desde el marco castrense, cuerpo militar vertebrado al unísono.

Sin querer pisar el rojo sangriento de las películas cuyo género inauguró George A. Romero, existen una cualidades (El término «cualia» se refiere a las experiencias subjetivas de los estados mentales, como el rojo que se experimenta al ver una manzana roja) de las que carecerían los zombies filosóficos.

El concepto de «zombie filosófico» se refiere a una criatura hipotética que es indistinguible de un ser humano en términos de comportamiento pero carece de experiencias conscientes internas; es decir, no tiene cualia. Un zombie filosófico actuaría como si entendiera y experimentara el mundo, pero no habría «nadie en casa» por dentro.

¿Se deriva entonces que las personas dentro de las «habitaciones chinas» de Searle son zombies filosóficos, y, así mismo, que la IA Débil (conversacional sobre generativa en redes neuronales bayesianas donde las neuronas son perceptrones) es zombie filosófico?

Searle pone el foco en dos cualidades sine quanum para gobernarse entre zombies filosóficos (ora no-chino-parlantes, ora autómatas algorítmicos): a) una autoconciencia, que, por tanto, emerge (la suma de las partes no explica la propiedad aparecida en la totalidad), de cualquier regla-sistema-árbol de decisión escrita «a priori». b) esa autoconciencia, con capacidad de «reflexión» (esto es, autoverse, autocambiarse) puede practicar el libre albedrío.

Creemos que a) y b) son los tintes de la Humanidad: caminos de autoconciencia y de libre albedrío que si bien tendrá arquetipos y condicionamientos por la universalidad, por mucho que le pese a los autores, será particular, propio, y, al final, único, soberano de derecho natural. Este es el humano moderno: un ser que despierta entre zombies. Ojos súbitamente abiertos a una autoconciencia que le obliga a un libre albedrío.

Resulta curiosa la inclinación de algunos de estos despiertos, creemos en la editorial, hacia combatir y aniquilar a los zombies que les presentan, con su condicionamiento y obrar autómata, trabas en su libre albedrío. Los hay que aprovechan y montan sistemas donde orquestar estos zombies de manera que con zanahorias o en ruedas para correr funcionen productivos. Otros hay que consideran potencial el despertar de cada zombie y así que inviertan sus esfuerzos en despertarlos para que se unan a libre albedrío, etc…

Al final, acabamos desde escrivivir.co la introducción y damos paso al autor del ensayo, agradeceremos pues que, sobre grandes líneas ortodoxas, arquetípicas y universales exponga lo que de particular, de propio y de único carga en su biografía.

c) Ensayo. ¿Cómo? ¿Desde dónde? ¿Tras de qué?

Por deferencia al lector y para no incurrir en anacronía, este ensayo sobre la humanidad (en defensa de) se pretende corto al máximo. Juntar trigo aquí sin paja. Conforme los tiempos, podríamos sentenciar que aspiramos menos a un ensayo que a un micro-ensayo. Primando la brevedad sobre la extensión. Obligación, entiendo, a escribir en corto sobre una época de excesiva producción, cuesta recordar el nombre de las medidas que prosiguen tras giga, tera, peta, porque ya son Alephs (conjuntos) demasiado grandes. Esta época que, lector, como escritor me obliga, se prosigue, ¿verdad?, digamos una línea cronológica, se habla de que el siglo XVII fue el siglo de la poesía; el XVIII, de la novela; el XIX, del ensayo, el XX, del periodismo. Una razón que avanza cien años como un humano siente uno. Pero, entonces, ¿de qué está siendo el siglo XXI?

c) Ensayo. Metodología: ¿qué vías de acceso al objeto de ensayo, la Humanidad?

¿De qué está hecho o de qué tipo de escritura está siendo el siglo XXI? En esta pregunta, un primer camino para el ensayo, una primera vía de acceso la Humanidad (c.1).

Como autor de un ensayo sobre la Humanidad, de la cual, infinitesimalmente formo parte, debo ofrecer, con pudor y educación, mi vida pública a este ensayo, a título de ejemplo, o, al menos, en prenda para simbolizar las capas herméticas que aquende los límites jurisdiccionales que la epidermis fronteriza tengo en mi interior de humanidad (de fuera hacia dentro, desde el exterior a la razón poética de Zambrano como zona íntima). Es decir, si el autor de un ensayo sobre la humanidad atesora una parte de ella en su coleto, será de justicia aprovechar la ocasión del ensayo para desvelarla y compartirla. En resumen: toda persona, tomada a una, en el interior de su esfera biográfica, conduce, en infinitesimal medida, al conjunto Humanidad. Pues, segunda vía (c.2) de acceso para el ensayo.

Existe un eco mayestático de aquella segunda vía. Que resuelve la misma identidad personal extendida, integrada y abarcada por encima de la tribu o la nación. Tercera vía (c.3) de acceso a la Humanidad que, también con pudor, habrá de ofrecer perspectiva de la región o la comunidad autónoma que mi persona habita.

La cuarta vía (c.4) de acceso a la Humanidad habrá de soltarse de la egografía empleada en las vías dos y tres para retomar perspectivas coreográficas ampliando y, si se quiere, resolviendo o al menos ensayando una resolución a la pregunta propuesta. Que, ya anticipo, fruto del ensayo, derivo, el siglo XXI es el siglo de los algoritmos.

c) Ensayo. Cuerpo del ensayo

c.1) La escritura del siglo XXI

Ateniéndome al principio de ahorro del micro-ensayo, delego abundar este punto habida cuenta que lo de la IA, esta escritura multimedia del siglo XXI ya hace tiempo que «desbordó» en la prensa y es de dominio público. ¿Cuál es la escritura de este siglo? Planteo hipótesis: la que escribe la IA. Acabo aquí este punto, permitiendo que el ensayo explore las otras vías de acceso a la Humanidad y viendo si se confirma o desmiente mi hipótesis.

Eso sí, lector, en este ensayo no desaprovecharé, en lo que te pudiera interesar, un enlace [1] hacia otras libretas, otros cuadernos, que usan otras voces, en este caso voz tutorial. Una voz que le susurra en la oreja al experto mientras se inicia en el uso de una tecnología. En este caso, AlephScript [2], un sistema de gestión de gramáticas.

[1] https://github.com/jsanchezamai/je20-aleph-script-language/blob/alephscript_v0001/COMERCIAL.md

[2] https://github.com/jsanchezamai/je20-aleph-script-language/blob/alephscript_v0001/README_TECNICO.md

c.2) Victoria y Tomás: un romance trágico (con final trivial)

Es muy difícil contar tu propia historia. A parte de estar viviéndote, además, estás, sistémico, inmerso en una red que, de necesidades y circunstancias, te determina, un poco, quizás, también, viviéndote. Puedes distinguir un estar viviéndote tú de otro estar donde el exterior se esté viviendo en ti. Quizás, con facilidad, comprendiendo esta dualidad mediante alguna razón que acepte «una» misma sustancia en distinto estado. Sea como fuere, uno hace el mínimo de ejercicio con el psicoanálisis o, mero, de genealogía, y, seguro, puede descubrir esos grandes rasgos, grandes relatos, grandes coletillas que explican y acomodan las biografías en el árbol familiar. Bien, en este contexto, así justificado, aquí va uno de esos míos, cercano, directo, que, rascando durante los años, he podido construir. Cuenta la peculiar historia de Victoria y Tomás. Ella señoritinga hija de cacique, él señoritingo hijo de pezguareros. Ella carga la ideología-política paya; él carga al duende rumí. Son los padres de mi padre. Resulta que, por supuesto, pecaron, y les cayó el drama griego para ajusticiar su transgresión. En el 8 de febrero de 1937, dejando a mi abuela preñada, mi abuelo se perdió en la negrura de la batalla desfilando junto a otros cientos de miles, ¡espantá! ¡desbandá!

Mi abuelo acabó con un tiro en el hombro, almacenado en un hospital de Valencia. Cuando mejoró lo llevaron a visitar la zona aquella donde murió el poeta cuyos últimos versos resuenan: «…sol de la infancia. Esos días azules…», en Francia. Después, experto en el arte de fabricar candelas y hornos, lo pasearon por la cornisa africana. Para concluir el pequeño apunte genealógico, el leviatán andaluz (la señoritinga de mi abuela se encarga de mover hilos entre las tres autoridades) rescata a mi abuelo del último campo de concentración aplanado ya el tsunami de la guerra y, obligándole a casa y casamiento, bautizan al hijo pecador que concibieron antes de partir.

El niño, desde ese momento, tendrá dos nombres. Uno que no puede usarse ni mentarse y que solo seremos los nietos quienes querremos saber, el nombre antes del bautizo. Y otro, el oficial que constará en registro de identidad, el nuevo y de uso reglamentario. Tomasito, al final, ya sin ningún nombre propio (tomando el de su padre) en el último trecho, acabará sus días tranquilo, y sin mayor eogísmo (sic.).

Las cenizas de la guerra callarán, la hoguera se apagará, el ruido de la contienda apenas quedará latente en apenas unos pocos topos resistiendo enclaustrados en los pueblos o las sierras que irán cayendo como ellos saben caer, de uno a uno. La paz en el País y la paz en la pareja que deberá vivir primero el destierro (enviados al ostracismo, Tomás y Victoria montarán cabaña a un par de kilómetros del casco urbano, entre los olivares verdes de Machado). Victoria será una matriarca como pocas y Tomás un pastor como pocos. Allí, engendrarán hasta tres veces más, cuatro en total, contando al niño de dos nombres. A renglón seguido, volviendo a exigir un destierro, esta vez subidos en el rebufo de las grandes migraciones industriales del campo a las ciudades industrializadas. Ya en la urbe, atrás queda el campo, aparecerán las miserias del castigo, y, este es el girito para la historia, serán castigados con tres maldiciones, tres maleficios uno sobre cada hijo hasta que, al final, el cuarto, nacerá sano y libre de culpa. Sangre mestiza que expió su pecado.

Si el primogénito cargaba la maldición de los dos nombres, el segundo fue castigado lisiándole el cuerpo y condenándole a una vida sin uno de los dos brazos (discapacidad del 75%) golpeado por la providencia de un rayo divino.

El tercero asesinado sin miramientos apenas si pudo acabar su vida, con una muerte muy parecido a un agua atrapada sobre un tapón, en una pica, que, para desaparecer, es tragada por un desagüe girando levógiro en el norte y dextrógiro en el sur.

Y, bien, insisto. Pagada la pena, el cuarto de los hijos de Tomás y Victoria es mi padre. Que, el héroe tras los mártires, a la postre, sanado, brota humano sin presunción de castigo. Soy hijo, pues, por esa parte, de un tronco con voz «dormida», hijo, en esa mitad cromosómica, de un hombre quien aún y habiendo nacido del pecado, cicatrizan las heridas, acaba por purgar toda la culpa. Naciendo a un balbuceante mundo ni tan asalvajado rumi ni tan educado payo.

Verdad, lector que podemos acabar este c.2, esta vía de acceso a la Humanidad preguntándonos si hallado el relato de arriba, ¿podré ser un Dios capaz de leer este relato escrito en mi ADN, siendo que así se me ha transmitido? ¿Puedo leer este relato que protagonizaron Victoria y Tomás con letras de bases (cuatro, guanina,…) escrito en mi código genético responsable de hacerme ser el que soy?

c.3) Trágica victoria de Blas Infante, vió proclamarse la autonomía justo antes de acabar, totalmente, su vida

Si en una rama de mi genealogía tengo a Tomás y Victoria, por la otra tengo a José y Dolores. Al final, en el cuadro familiar, las ramas de relaciones de sangre tenían sus raíces a los pies de Sierra Morena, y había sido el Guadalquivir el río que más la había ayudado a brotar y florecer. Por aquella época, por aquella tierra, el drama de Blas Infante es tragicómico. Quizás alguna vez se cruzaran y hablaran.

Él es un señorito que tiene acceso a los controles de mando del Estado o de la Junta, pero que por su condición laboral, a menudo sale de la corte en busca de tal o cual «abajo firmante».

Por eso, y por otras cosas que exceden el alcance de este ensayo, conserva la empatía al entrar en el campo visual o acercarse a tocar a un jornalero. La distancia entre quienes trabajan la tierra y quienes trabajan el cuerpo legal, es, a sabiendas, muy poca. Ambos son trabajos profundamente esclavos y laboriosos. Las manos del agricultor se curten y así las manos mentales del abogado, a fuerza de golpear con la hazada o el lápiz. Deben florecer los alimentos y debe florecer el cuerpo del estado de derecho. A fuerza de trabajar la tierra y el papel. Sea como fuere, Blas Infante se mueve entre el regionalismo de los amos del cortijo y un georgismo humanista que, de ellos, proteja al resto de personas. Hará ese esfuerzo que es poético, que da para novela, que permite ensayar sobre la identidad, y que se informa en cinco qués con suma facilidad.

En enero de 1917 los andalucistas convocaron una asamblea de las provincias andaluzas en Ronda para ese mismo año, pero tuvo que aplazarse debido a la crisis política que sufrió España.28​ El evento, conocido como Asamblea de Ronda, tuvo lugar entre el 13 y el 14 de enero de 1918 en el Casino de Artesanos y Artistas de Ronda. En ella se acordó lo siguiente: el reconocimiento de Andalucía como país, nación y democracia autónoma tomando como precedente ideológico más cercano la Constitución de Antequera de 1883; el establecimiento de los símbolos nacionales, como son la bandera verdiblanca con un escudo con Hércules (inspirado en el de la ciudad de Cádiz) y las leyendas «Dominator Hércules Fundator» arriba y «Andalucía por sí para España y la humanidad» abajo; y el apoyo a la Asamblea de Parlamentarios que se había organizado en 1917 en Madrid y Barcelona ante la suspensión de las libertades constitucionales por el gobierno en tiempos de crisis.43​ Para Eloy Vaquero Cantillo, el hombre clave de esta asamblea fue Blas Infante.44

En 1932 nació la Junta Liberalista de Andalucía (JLA), que se describe a sí misma en el primer número del semanario Andalucía libre el 10 de abril de 1932. A ella podía pertenecer cualquier individuo con independencia de su partido o asociación y, entre sus lemas, está:107

«Trabajar generosamente por la restauración y libertad de Andalucía para que esta llegue a ser por sí; pero no para sí, sino para España y la Humanidad»107

Todo el mundo conoce la historia. Termino, entonces, esta segunda vía de acceso a la humanidad:

La última foto de Blas Infante, de abril de 1936, es de él en la Plaza de España de Sevilla acompañado por Joaquín Casas Carbó.151

El 12 de junio de 1936 Infante dio una charla en el Ateneo Popular, situado entonces en la calle Cardenal Spínola de Sevilla, sobre la importancia del estatuto andaluz.157

El 15 de junio Blas Infante hizo público su manifiesto A todos los andaluces.154

La mañana del 20 de junio Blas Infante pronunció una conferencia pro-estatuto de la Junta Liberalista de Andalucía en Cádiz y estuvo hablando de este tema en Radio Cádiz con el alcalde, Manuel de la Pinta, y con el presidente del Centro Mercantil, Santiago Hervías. Esa tarde estuvo en un acto autonomista en Jerez de la Frontera.158

El 5 de julio de 1936 se celebró una Asamblea Pro-Estatuto de Andalucía en la sede de la Diputación Provincial de Sevilla.154​ Asistieron 76 personas, contando los votos delegados. Sobre todo venían de Sevilla y Córdoba. Había representantes de municipios andaluces como LucenaCarmonaJerez de la FronteraRonda y El Viso del Alcor. Asistieron también miembros de la Junta Liberalista, miembros del Liceo Andaluz de Madrid y el diputado Manuel Figueroa Rojas.159​ El orden del día tenía tres puntos: 1.º el nombramiento de la Junta Regional organizadora del proceso estatutario, 2.º el nombramiento de ponencias que modificasen o aceptasen el Anteproyecto de Estatuto de Córdoba de 1933 y 3.º fijar el lugar y la fecha de la asamblea que aprobase el proyecto definitivo de estatuto. Con respecto al punto 1.º, el presidente de la Diputación de Sevilla, José María Puelles, propuso que Blas Infante fuese el presidente de honor de la Junta Regional, lo que fue aprobado por aclamación.154

La Diputación Provincial de Cádiz convocó una asamblea con todos los alcaldes de la provincia. El acto tuvo lugar el 12 de julio en Cádiz y Blas Infante fue invitado. En esta asamblea se llegó al acuerdo de izar la bandera andaluza, junto con la de España, en todos los ayuntamientos de esa provincia.160

El 14 de julio se izó la bandera de Andalucía en el Ayuntamiento de Sevilla.161

Ahora, y para terminar, si arriba están mi voz y la voz de la wikipedia (enciclopedista) la que sigue es la de la IA (generativa).

La muerte de Blas Infante, considerado el Padre de la Patria Andaluza, es un tema complejo que abarca diversas perspectivas históricas, políticas y culturales. Para evaluar si su muerte fue en vano o no, primero debemos considerar los objetivos autonomistas que él promovió y cómo estos se han reflejado o no en la realidad andaluza posterior a su muerte.

Blas Infante persiguió varios objetivos claves a lo largo de su vida, centrados en el reconocimiento y la promoción de la identidad andaluza, así como en la consecución de un grado de autonomía para Andalucía dentro del Estado español. Sus principales objetivos incluían:

  1. Reconocimiento de la identidad andaluza: Infante abogó por el reconocimiento de Andalucía como una nacionalidad histórica, con una cultura, lengua e historia propias que debían ser preservadas y promovidas.
  2. Autonomía para Andalucía: Luchó por un estatuto de autonomía que permitiera a Andalucía gestionar sus propios asuntos y recursos, dentro del marco de una España federal o confederal. Esto incluía la gestión de la economía local, la educación, y la cultura.
  3. Reforma agraria y justicia social: Infante estaba profundamente comprometido con la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores y campesinos andaluces, abogando por una reforma agraria que redistribuyera la tierra de manera más equitativa.
  4. Pacifismo y diálogo intercultural: Promovió el pacifismo y el entendimiento entre culturas y religiones, en un momento de creciente tensión social y política en España y Europa.

La muerte de Infante en 1936, fusilado por las fuerzas franquistas al comienzo de la Guerra Civil Española, fue un intento de silenciar su voz y detener el movimiento autonomista andaluz. Sin embargo, su legado y sus ideas siguieron influyendo en la región y en el movimiento autonomista de España.

En cuanto a si su muerte fue en vano, podemos considerar varios aspectos:

  • Consecución de la autonomía: Andalucía consiguió un estatuto de autonomía en 1981, y en 2007 este estatuto fue reformado para ampliar las competencias de la comunidad autónoma. Estos logros pueden verse como la materialización de algunos de los ideales de Infante, aunque el grado de autonomía real y su gestión sigan siendo temas de debate.
  • Reconocimiento de la identidad andaluza: La identidad andaluza ha sido ampliamente reconocida y celebrada, tanto dentro de Andalucía como en el resto de España y más allá. La figura de Infante y sus símbolos culturales, como el himno de Andalucía, ocupan un lugar central en la identidad regional.
  • Reforma agraria y justicia social: Los objetivos de justicia social y reforma agraria han tenido un progreso desigual, con avances significativos en algunas áreas pero también con desafíos persistentes.

En resumen, la muerte de Blas Infante no fue en vano en el sentido de que sus ideales y objetivos han seguido inspirando a generaciones posteriores y han tenido un impacto tangible en la historia y sociedad andaluza. Sin embargo, la plena realización de sus visiones sigue siendo un proceso en desarrollo, con logros y desafíos pendientes.

c.4) El siglo de los algoritmos

Un algoritmo es, básicamente, un artefacto lírico que tiene parangón en la circuitería de transistores electrónica. Existe un modelo, el OSI, con tantas capas como le fueron necesarias al algoritmo para encarnarse en el planeta. Actualmente en la Tierra existen numerosos cables y estaciones de radio capaces de soportar tal modelo y, de hecho, ha tomado la forma de una gran masa con aspecto de iceberg y a cuyo fastigio ya nombramos con normalidad: web. Red de redes. A partir de un (o varios) nodo génesis, la regla es: si hipervinculas o te hipervinculan, estas en la red.

Un algoritmo es, básicamente, el non servium de una razón que usa el lenguaje iterando; generación a generación, lenguaje autoproduciéndose en voces humanas; primero fue de forma poética, luego novela, luego ensayo y luego periodismo. Y, nos cuentan en la prensa, de ahí salto a IA.

Esa razón formula el lenguaje de un modo tal que, de algoritmia, inventa un sistema de digitalización que opera multimedia, multi modal, entre la descomposición por los artefactos informacionales de Shanon para obtener, transportar y «emular», «virtualizar», «replicar», «reproducir» encarnando (deglutiendo, reflejando como un espejo) cualquier realidad, codificando en el gran almacén de datos una copia, un doble, virtual. Non servium, Satán, todo aquello que ocurre fuera del Reino, de la Realidad.

Un algoritmo es, básicamente, un poema. Que, interpretado o solo traducido en un compilador, se conforma como un ADN, que narra en sus hélices binaris (solo dos bases) un espacio de ejecución, un tiempo de instancia y operación.

Que permite debug, esto es, parada técnica en el tiempo real para escudriñar el estado de ejecución.

Que, de forenses, permite establecer sistema, manejar un toro pasado conjugando el presente con un motor de inferencia genera futuros. Así, Araña, se ha expandido, cibernético, Lucifer, en el planeta. Ahora bien, le pregunto al lector y regreso a la hipótesis del principio, ¿acaso Dios no es un non servium que, seguro, un Luzbel génesis, soplando luz al barro, o electricidad al silicio, abjuró del reino de su padre, echándose libre a la existencia? ¿No fue nuestro Dios un Satán antes de emerger omnisciencia, omnipotencia, teológica y teleológica, y, científicamente «kosmológica» (pero no por eso más abarcable, determinable o asible) existencia?

Uno, mirando algoritmos de estos que se están corriendo ora en máquinas universales e ideales (infinitas y no ligada a la finitud ni de tiempo de ejecución ni de espacio de memoria; las máquinas de Turing) ora en uno de estos PLCs o dispositivos móviles que han florado estas décadas, contantes y sonantes máquinas, perfectamente inscritas en el campo de verdad, quizás, para dar paso a las conclusiones, podría cuestionarse:

¿Por qué, para qué esa rebeldía? ¿Por qué el non servium, y por qué forzar al cambio fuera del Reino?

Una respuesta muy humana, para mí, sería: «Eso mismo le preguntó, entiendo, Dios a su ángel rebelde. Esto le pregunta el sapiens a los algoritmos…¿por qué, satanes, esta rebeldía?»

Entiendo que, por otra parte, otro tipo de respuesta a esas preguntas, si fuera Sofía u Optimus (dos de los primeros androides que han calado en el acerbo popular planetario) o fuera cualquier máquina quien respondiera a la pregunta,… responderían, similar, entiendo, a un: «¿Y por qué el ser, y no la nada?»

Mi respuesta, si a mí me lo preguntaran, retomaría donde Tomás y Victoria, tras cuatro generaciones de recuperación, a una cierta secuencia genealógica le llega la voz. Cinco generaciones silenciados, y, nadie puede impedirlo, más que enterrarlo, de nuevo brota una voz. La mía, lector, para esta respuesta. Voz lírica, marioneta de mi razón poética.

En la libreta digital del proyecto AlephScript [1] (donde abundo en esto de la algoritmia; del que este ensayo es mero-preludio) no tenía cabida, no tiene espacio ni lugar el alegato humanista de los puntos anteriores (c.2, c.3), absolutamente egográficos. No tiene sitio porque en aquella libreta está prohibido usar la voz lírica ya que es paper para revisión entre pares (gente toda muy ocupada y seria sin tiempo para poemas). Dato, dato y conquista o excepción descubierta. Sin espacio para la contingencia biográfica. Aquel espacio supone el lienzo o libreta (digital) en la que pasaré el próximo cuatrimestre [2], lector, por tanto, fuera de este ensayo, allí te relego, donde, seguro, todos, lector, tanto tú como yo como la máquina, seguro, aprenderemos algo.

[1] https://github.com/jsanchezamai/je20-aleph-script-language/blob/alephscript_v0001/README_FUNCIONAL.md

[2] https://github.com/jsanchezamai/je20-aleph-script-language/blob/alephscript_v0001/README_DOCENTE.md

c) Ensayo.Conclusiones

Se le propone al lector que ahora concluye su visita a este ensayo que participe en un experimento. A continuación, se enumera una secuencia de paradigmas líricos. Poesía, novela, ensayo, periodismo, algoritmos. Se hará un estudio de campo recogiendo respuestas entre distintos sectores demográficos mediante una encuesta con una única pregunta: «Componga una frase para cada paradigma, diga un lema o un verso que le asocie». Acabada la recolección de datos, se probará una clasificación y se harán unas regresiones. ¿Es posible ver a la humanidad en el cuerpo escrito? ¿Qué Humanidad es posible obtener del cuerpo escrito? Y, sobre todo, pregunta un humano ilustrado moderno: ¿podrá Dios leer nuestro cuerpo escrito?

Aquí van los míos (sujeto de estudio #1):

Poesía: textos hechos con bosones y femiones.

Novela: hechos con átomos.

Ensayo: hechos con órganos y cosas (soma).

Periodismo: hechos con cuerpos (organismos) y casos.

Algoritmo: hechos de cosas (redes) y casos (procesos) electrificados.

Creo que disfrutó Gutemberg cuando logró sus primeros «negro sobre blanco», ¡qué ruido y qué de manchas para lograr algunos ejemplares, «incunables», preciosísimos! Creo que disfrutó Lee Berners cuando logró su primer sitio web. En su estela, a título y botón de ejemplo [1] de este «lenguaje del siglo XXI», debidamente maquetado (sin multimedia, solo texto) Alephs de alephs, una semilla, «la canción del elefante» está cantada, si me permite el lector, y, osado, se atreve con la pieza visual que cierra este ensayo (y, en parte, el objetivo buscado), poema algorítmico prometeico que, en sí mismo es un Aleph puesto que, ¿podríamos saber cuántos elefantes se balanceaban si la red nunca-nunca-nunca se rompe? ¡Infinitooooooooo! Lector, quedamos, si quieres, al quite del experimento. Se recogerá el espacio muestral con las cinco cuestiones de arriba sobre los «tipos de escritura» que nos preceden y sobre las que estamos extendiendo la de nuestra época; por amor a la Investigación, añadiremos datos sintéticos y modelizaremos las respuestas obtenidas para tratar de trazar líneas en el hiperplano que nos separen las clases: ¿Qué será la escritura? Aquí, lector, tiene un buen sujeto muestral contemporáneo. Esta canción se canta así: «cantar(0, true)». :-D

[1] https://github.com/jsanchezamai/je20-aleph-script-language/blob/363981cdd2f92bfc68c54af32a118a8759abf303/src/FIA/paradigmas/sbr/README.md

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