T02x02: Diario: otra voz lírica

a) Diario

Carta 1

Estimado escritor,

A continuación adjuntamos la nota de exordio para la sección donde incluiremos tus anotaciones de diario. ¿Te parece apropiada? ¿Quieres cambiar algo?

Nos gustaría saber cómo llevas la escritura. ¿Sigue el proyecto en pie, pudiste confeccionar el escrito? Nos gustaría incluir tu sección en la edición de febrero, ¿llegarás a enviarlas en su primera quincena?

Sin más, saludos cordiales,

la editorial escrivivir.co,

27 de enero de 2024.

P.D.: Nota de exordio a la sección «diario».

Quebrando el juramento, que expresamente impedía acabar esa libreta ni proseguir las 15 que la preceden, el escritor (en adelante, esa persona) publicará hoy aquí, para nosotros, lector, la entrada que, retomando el hilo de una vida, rompe la promesa.

Quedará a cargo de esa persona, entendemos, justificar o exordiar, los motivos por los cuales su historia, la que tiene que contar, a la vez, repercute en nuestra sociedad. Y, por tanto, a esta revista digital le interesa para darle eco. Una, la sociedad, por cierto, que ya enmarcamos, acotamos y señalamos en la anterior entrega siguiendo el rastro de un cierto dinero. Ya dijimos, si se habla de Iberia o España, como si se habla de cualquier otro sitio con similar y paralela historia. Misma historia repetida múltiplemente. Una tribu expandiéndose y ramificando sus lenguajes regionales; en el colmo, topando con las copas de otras tribus, y la regla escrita de la selva en la que siempre se deja un espacio para no tocarse con los otros árboles, deformándose para reseguir el relieve de la separación, sucede ese gran blanco, como se explicó en la anterior entrega, esa rubia, esas solidificaciones en la unión monetaria, dentro del mismo empíreo, de todas las ramas regionales. En el colmo, a la postre, esa misma rubia disolviéndose como un azucarillo en un holón que la abarca y trasciende; ingresando como regional en una nueva rubia extranacional. Misma historia, repetida, dejando su impronta, ciclo a ciclo, círculos concéntricos en el tronco (al menos, si no trazable filogenéticamente, sí, filo a filo, en el árbol de lenguas humanas) de la Humanidad.

Como productores de esta columna ofrecemos a esa persona este espacio en blanco; sin saber (ni, por supuesto, cargar responsabilidad) ni conocer de antemano su contenido. No lo corregiremos, ni censuraremos, ni acomodaremos. Ni, si me apuras, fuera de quienes transcriban el manuscrito, leerlo. Nos ha bastado el «como decíamos ayer…» y la lectura de las libretas. Dudar del contenido, quizás, en este caso, ofendería.

Hemos leído en las 16 libretas la tragicomedia épica de un niño esforzándose en el dominio del lápiz, primero, y la de un adolescente que, dominando el lápiz, ahora se esfuerza en dominar una razón adherida, como discípulo, a la poética de María Zambrano.

En la última página del diario se lee: «… no volverás a usar estos diarios para llorar, para montar una girándula de lamentos, para escupir tu bilis. Para contar abstracciones de las que solo tú tienes el código. No vendrás más aquí a vomitar emociones. Cambiarás el hábito de esconderte a escribir tus penas por una brillante, insigne, excelsa, ducha y de arte mayor ‘voz lírica’. Dejarás de masturbar tu alma y de emborronar este diario eyaculando tus miserias. Por contra, llevarás esa simiente al mundo, y, de regresar, volverás con aquella voz, que brotará fruto de criar la simiente. Y para que se forje juramento, firmas abajo…»

Después, esa persona firma, añade fdo., fecha y localización geográfica.

Sabemos, por tanto, queda explicado, en escrivivir.co, únicamente lo leído; y no hemos solicitado mayor detalle. Sabemos, también, o, más que saber, opinamos, estas dos décadas de silencio son un error o una lástima o una gran pérdida para nosotros. Hubiéramos preferido que la promesa hubiese tenido lugar fuera del diario; y, sin ningún tipo de querencia por el drama, hubiéramos preferido en lugar de 16 libretas, 32.

Sea como fuere, sabemos, también, que la segunda madurez de esta persona, con sus próximas dos décadas, habrán (veremos si la promesa de no volver a escribir sin voz lírica se cumplió o no…) de dar paso, de nuevo, a un período difícil con el lápiz. Tras las probables 16 libretas de esta segunda madurez, las últimas, entendemos, de haberlas (se lo deseamos a esta persona), contendrán menos el canto de la voz lírica que un mecánico esfuerzo, de nuevo, como en la infancia, mero, por, trabajosamente, hacer bailar el lápiz. La senectude, y su pérdida de habilidad motriz, entendemos, en las últimas libretas, más pintará, más hará música, más trazará trazos que hablará o montará discurso.

Dentro de 20 años, en esas últimas libretas, que no son las que ahora empiezan, será bastante con lograr letras inteligibles. Una limitación a la palabra perfecta. Al verso estricto. Y, posiblemente, tras el esfuerzo, el escrito acabe obviando el fondo prosaico, escogiendo menos las palabras y frases por el valor arquitectónico que por la mera potencia de manuscribirlas, digamos, esa metasemántica poética. Todo esto, por supuesto, es mera presunción. Volviendo entonces al texto que presentamos, sin embargo, las primeras páginas que contiene esta sección, son las de alguien que regresa de entre los muertos (la nada, el silencio, el total acabamiento). Y, supuestamente, lo hará con una voz lírica, que será mucho más rápida que una simple estructura, mucho más energética que un simple cuerpo léxico.


Carta 2

Estimado equipo de escrivivir.co,

Gracias por el exordio. Lo reviso y comento lo que sea.

Evidentemente, no he puesto una sola letra del diario. No puedo hacerlo. Sería hacer trampas. Lo haré los primeros días de febrero. Y, sí, enviaré sobre el 9 o el 10, según la escritura dé de sí.

El escritor,

28 de enero, de 2024.

Carta 3

Estimado equipo de escrivivir.co,

Lo prometido es deuda. Os adjunto escáner de las pocas páginas (últimas de la vieja libreta; primeras tras el silencio) del diario. Agradezco que las transcribáis vosotros.

Me parece perfecto el exordio. Muchas gracias.

El escritor,

viernes, 9 de febrero, de 2024.


a) Diario: Jueves, 1 de febrero de 2024

He terminado una serie de jaikús heterodoxos aunque métricamente casi perfectos que hice por un reto donde enumeraban treinta conceptos para leivmotiv de cada poemita [1]. Creo que sí. Que, con mis más y mis menos, y muy obligado a la práctica-asiduidad-hábito con que a ella me dedique, parecido me pasa con mis guitarras, sé hacer sonar una voz lírica.

[1] https://martinsantome.w3spaces.com/index.html

Entonces, decíamos ayer…


a) Diario: Viernes, 2 de febrero de 2024

Esta noche salgo de recital. Solo quería anotar que estoy muy excitado; acabaré unas pocas páginas de esta libreta. Pero seguiré en una nueva que hoy conseguí. Marcho a ducharme. Ya te contaré.

Incipit vita nova.

a) Diario: Sábado, 3 de febrero de 2024

Los buitres, entre los más dignos de los carroñeros, sobrevuelan la carne muerta, abandonada.

Por hacer una mención a la gran y terrible pena que me ahogó la adolescencia (esa promesa que ahora estoy quebrando, por fin…), hoy estuve todo el día enredado con las viejas libretas, ¡es horrible trazar una línea cronológica en la que el brote de vida infantil alentado por la idea de crecimiento se enfanga, se encrapula, se encierra, decíamos ayer, entre barrotes de miseria! ¡Terrible! Leí las libretas tratando de que no me devastaran.

Por hacer una mención a esa pena: no es culpa de los buitres, ni de los demás carroñeros. La carne muerta ya lo está cuando ellos llegan.

Me doy cuenta de que, además, y quedó bosón dentro de átomo dentro de planeta, apenas sin importancia, tengo una como la que narra David Lynch en «Una historia verdadera», de 1999, cuya entradilla en Filmin reza: «Alvin Straight tiene 73 años, (…) recibe una llamada que le alerta del grave estado de salud de Lyle, su hermano mayor, con quien no se habla desde hace 10 años. (…) Alvin decide emprender viaje…» No permitiré, me prometo, esos diez años de silencio con mi hermano. Por más que nos profiriéramos algunas punzantes-execrables-exabruptas palabras gruesas. ¿Dónde guardé mi tractorcito?

Yo decido emprender un viaje…

a) Diario: Domingo, 4 de febrero de 2024

Bueno. Lo dicho. Son las siete; amanece. Una densa niebla cubre las azoteas; ahora solo veo grises y violáceos en bruma. Mi café humea. Hoy no escribiré más. A lo sumo, si me animo, mientras camine, dictaré. Ya veremos si me lo guardo, o vengo aquí a transcribirlo. ¿Dónde guardé mi cantimplora?

a) Diario: Lunes, 5 de febrero de 2024

No renovaré la suscripción de Filmin. Hoy caduca. La última pieza que consumiré es «Una pasión singular» (2003) dirigida por Antonio Gonzalo.

En la entradilla: «Drama, biopic. Durante el peregrinar de Blas Infante de escalón en escalón, siempre, hasta el último peldaño, al borde de la muerte, aparecen las imágenes que cruzan su mente.»

Como digo, no renovaré; intentaré durante el próximo cuatrimestre una dieta estricta que se prive y ayune de cine. Técnica aprendida para, de cara al solsticio de junio, depurar y limpiar mi voz lírica. Un espacio a mi alma para que ocupe de abrir puertas y cerrojos, sin agregar muchos más. A partir de julio sí que, lo estoy planificando, pasaré semanas dándome unos buenos atracones de cine. Además, estoy seleccionando las partituras que ensayaré en ese trecho. En diciembre quiero ya estar sonar bien, sueltito y lírico. Que tengo actuaciones.

a) Diario: Martes, 6 de febrero de 2024

Ayer vi una bio del abogado y humanista, Blas Infante, que se ocupó de la constitución de una identidad autonómica para la región de Iberia en la que nació. Dos verdes y un blanco, un Hércules amanerado (como el cartel de Semana Santa, 2024, Sevilla; con sendos leones templados como potencias en lugar de las medallas en la corona de espinos) y un: «Andalucía por sí, por España y por la Humanidad».

Me consta que la región andaluza, para cualquiera, para todos menos para los que seamos andaluces (o, aún sin serlo, hijos de…), constituye, en su insignificancia, su localidad-particularidad, su contingencia, un relatito más a engarzar en el gran libro de la Historia, y que da para poco Universal. También sé que España es tema de la columna donde estas primeras páginas de diaro serán publicadas. Así, no me ocuparé de hablarlas con esta voz lírica que está arrancando una nueva vida. Pero, ¿y de la Humanidad? Esa sí será cantada en este diario.

En el periplo, Blas Infante solía apostillar sus arengas a las masas con el latiguillo: «¡Tierra y libertad!», alineándose así ante, y no con, los amos de la unidad andaluza de hacendados (con frecuencia, tiranos), terratenientes (con frecuencia, caciques) o liberales (con frecuencia, libertinos) más preocupados en un regionalismo de cortijo que en un georgismo fundamentado en la obra capital de ese autor que fascinó a Blas, titulada Progreso y miseria; poco preocupados por el concepto del “Espíritu de la humanidad” propuesto por K. C. Friedrich Krause,… y copio [1]: «… un ideal de realización vital y al mismo tiempo el fin último de la historia, donde las oposiciones entre lo individual y lo colectivo acabarían por armonizarse en un todo orgánico en el que cada parte constituyente, a modo de esferas superpuestas, sería al mismo tiempo fin en sí misma y medio para alcanzar la siguiente. De esta forma la humanidad en su conjunto y no el hombre, se revelaría como el verdadero reflejo de la perfección de Dios».

La empresa me ha convocado. El aviso me ha dado mucha ansiedad. En consecuencia, y, para cerrar «sesión», últimos minutos antes de embarcarme con la intendencia del viaje, he grabado, a vuelapluma, a una pasada, un par de capítulos de La Hora Monesta, en su versión, Lo de Ortega [2], donde aparecen los habituales, Bartolo/Federico, Conchita, Martín Santomé. Me planteo, en el futuro, tomar la idea y subir una serie de ese formato a Spotify; puliéndola adecuadamente. Ahora, en Bandcamp, underground, apenas si necesito exigirle un mínimo de «viabilidad» sonora. El justo, y punk.

Solo me permití las cuatro pasadas habituales, a una por trazo, primero la del narrador trazando falsilla y luego las de los personajes. He producido con el Logic Pro mínimamente, en dos pasadas, una para poner los pitchers y otra para exportar el wav. Dos piezas que pretenden ser cómicas y divulgativas a la par que entretenidas, sabrosas y nutritivas. Pero que en verdad, ambas piezas, son, mero, un par de improvisaciones, un vómito, más o menos lírico, un acto de «soltar» eso que, la empresa, me solicita. Cierro sesión. Ahora vengo. Pero le arranco al paso del tiempo esta especie de locución radiofónica, bastante Pirenaica, que, mero, presenta membrana artística, entre la crudeza y frialdad dentro del horario de trabajo y este fuera, que es mi interior, donde Zambrano pintó su razón poética. Al final, si este boomer que habla no tratara de aclarar a otros boomers esto del gran «misterio» TIC, buceando a diario en esos lares, si no intentara rebajar ansiedad respecto de sus digitales efluvios, tratando de divulgar… sería, entiendo, pecado.

[1] 10. C. Cr. Krause, «Ideal de la humanidad para la vida», Madrid, Imprenta de Manuel Galiano, 1860, p 6.

[2] https://lahoramonesta.bandcamp.com/album/lo-de-ortega-las-tics-explicadas-para-y-por-boomers

a) Diario: Miércoles, 7 de febrero de 2024

Esta mañana abandoné mi despacho, tomé la mochila y viajé a Barcelona. Ahora por la tarde, lo que queda de día y parte de mañana tras la oficina aprovecharé para visitar a los progenitores; a los amigos de infancia que resisten en un grupo de WhatsApp; tres ex-compañeras de vida han confirmado cafecitos o, al menos, abracito; y pasearé por l’H, con el nombre de Virgina Woolf y sus itinerarios Bloomsbury en los labios, trabajo de campo para mi voz lírica, recorriendo los lugares indicados en mis libretas, el sábado estuve cartografiando mínimamente, aquellos primeros diarios, en que aquí vivía.

a) Diario: Jueves, 8 de febrero de 2024

Duermo en casa (es un bajo convertido en taller) de Luis Soyos. Admiro su capacidad de producción, tiene obras sobresaliendo caóticamente por todas partes, en paredes, armarios, esquinas, debajo del mobiliario… ilustrador, caricaturista, escultor, un puro polímata puro. Aquí el puro como epíteto antecede al sustantivo enfatizando el poso y peso de Luis en sus creaciones, cada vez haciendo más difícil de creer que provengan del fruto de un humano. Y el segundo puro, especificativo, restrictivo, señalando la pureza de un creador que gana el sustento y cubre las necesidades materiales básicas para la vida renunciando a una dignidad en favor de una integridad de proletario que jamás tomó un euro por un trazo; disociando, así, la subsistencia de la artesanía. Insisto, me regodeo, Luis es un puro polímata puro. El trabajo (que se trata de uno muy esclavo) que realiza Luis semanalmente en su taller se superpone, trágicamente, sobre aquellas obras desperdigadas, puras obras puras. La maquinaria y las cajas de ese trabajo, así como los albaranes y calendarios, opacan, como digo, los pinceles, los botes de colores, o las bolas desechadas de arcilla. Pura tragedia pura. Sea como fuere… mañana regreso a mi despacho. Con la empresa fue bien. Todo en orden. Hice tres paseos; me dejo diez o doce para otra ocasión.

Con esta anotación acabo la última de aquellas libretas viejas, con el papel ya amarillento. Me canso mucho escribiendo a mano, me pesa el bolígrafo. Creo que seguiré el diario digitalmente, imprimiendo después, en lugar de usar la libreta nueva me haré con un carpesano, un archivo donde juntar las impresiones.

Anecdótico, cierro esta primera tanda con un nimio y ripio episodio esta tarde, durante el tercer mini-itinerario Bloomsbury. A tres calles de la Riera Blanca, avenida limítrofe entre Barcelona y l’H, de un portal, un tipo boomer, en sus 65, con tejanos, camisa y americana, gafas de pasta negra y semicalva morena, aparece a mi paso saliendo a la acera tras cerrar la puerta del bloque. Tras un momento de confusión, mi memoria cambia la sensación de «este tipo me suena» por un claro y revelador: «José Miguel Villaroya». No dudo en abordarle, pero, sin miramientos, gesticulando pomposamente dándose toquecitos en el reloj, zafa y, mostrando en el bolsillo de la camisa una tarjeta del metro, arranca el paso. «¿Puedo acompañarte?», me excuso sin dejarle contestar, adhiriéndome a su paso.

Apenas si caminamos unas manzanas, hasta alcanzar la parada de metro Collblanch de la L5, subiendo por carretera de Sants. Él se perderá escalones abajo, yo doblaré hacia el mercado, por el passatge Costa, pero, en la despedida, sin pararnos, asomándome a la barandilla, le preguntaré: «¿No tienes página en la wikipedia, o qué?»; él, saludando con un puño alzado, desaparecerá tirando balones fuera con una, quizás sardónica, sonrisa: «No creo que mi vida o mi persona sean tan relevantes…». Apunto este dato aquí para, después, agregarlo a la lista de tareas pendientes. Seguir siendo un enciclopedista es algo que me entronca con una cierta Francia revolucionaria, un fulgor moderno, y que de ilustración me azuza (como una jalea real) la voz lírica; por más que sepa (haya aprendido a…) acallarla y escribir con otras voces (de razones ecuménicas y objetivistas) cuando edito la enciclopedia. Lo mismo que cuando, en el pentagrama, escribo música. Pulcra contención a la falsilla. Ya habrán, me voy conteniendo, momentos para cantar.

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