(Bocanada de aire en lo geopolítico. Libelo epistolar. Interblog. 😈 Pingback.)
I. Mensaje original
Simplemente porque sí.
jueves, mayo 7, 2026
Pues nada, que estoy aquí con Xavi (Máster ZEN), que me ha dejado solo después de tomarse su café, para ir a fumar (su único vicio) y que estaba yo pensando cuán afortunado me siento de ser su amigo y cuán afortunado me siento de ser quien Soy y de llevar la Vida que llevo. Y quería compartirlo con vosotros.
E ya.
II. Respuesta — Mientras el mundo arde
jueves, mayo 7, 2026
Pues nada. ¿E ya?
¿Cómo os atrevéis, 😈? (nótese en la imagen de abajo lo de presentar a Greta ya subsumida y transformada en producto de consumo cual taza o camiseta con serigrafía del Ché)
LEYENDA DE LA IMAGEN: Greta Thunberg, 23 de septiembre de 2019, Cumbre de Acción Climática de la ONU, Turtle Bay, Nueva York. Dieciséis años. Acaba de cruzar el Atlántico Norte en el velero de regatas Malizia II —catorce días sin motor, con el Atlántico de septiembre alrededor: septiembre marca el punto álgido de la temporada de huracanes en el Atlántico, alcanzando estadísticamente su pico máximo alrededor del 10 de septiembre. Históricamente, es el mes más activo, concentrando la mayor formación de ciclones, tormentas y huracanes.— para no generar las emisiones del vuelo transatlántico que los líderes del mundo seguían tomando cada semana con absoluta normalidad clínica. La han invitado a hablar ante los representantes de 195 naciones. Los mira. Y dice: «How dare you?» La voz se le rompe. «You have stolen my dreams and my childhood with your empty words.» No negocia, no propone, no agradece el turno de palabra. No pide nada. El fotograma —mandíbula tensa, ojos brillantes de rabia y de lágrimas contenidas, el micrófono demasiado ancho para esa cara— lleva circulando por el mundo siete años como el retrato más preciso de una época que no sabe estarse quieta y tampoco sabe moverse.
En ese mismo mundo, en este mayo de 2026, aparecen dos piedras en el lecho de un río: simplemente porque sí. El agua llega, las encuentra, se parte en dos lenguas que las rodean, se adapta a la forma exacta de su quietud, y justo detrás de ellas, donde la corriente vuelve a juntarse, forma un círculo que gira más despacio, más denso, como si el agua tuviera ahí otro peso o hubiera olvidado momentáneamente que tenía prisa. E ya. ¿En serio, N0sce, Xavi, how dare you!?
| Característica | Operación Furia Épica | Proyecto Libertad |
| Naturaleza | Ofensiva / Combate directo | Defensiva / Escolta naval |
| Fecha Inicio | 28 de febrero de 2026 | 4 de mayo de 2026 |
| Estatus actual | Finalizada | En pausa (Cese al fuego) |
| Liderazgo | Pentágono / Depto. de Guerra | CENTCOM / Coalición Internacional |
Y el mundo, mientras tanto, sigue en llamas con contabilidad doble: en el Estrecho de Ormuz, donde la «Operación Furia Épica (Operation Epic Fury), en su apertura; y ahora su: Proyecto Libertad (Project Freedom)» de la administración Trump llegó a costar mil millones de dólares diarios en su pico de intensidad —el Pentágono declara veinticinco mil millones en municiones y operaciones, CNN sitúa la cifra real entre cuarenta y cincuenta mil millones sumando los daños en las bases de Baréin, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos que ningún informe oficial incorpora, los sistemas de radar destruidos que nadie repone en el presupuesto visible y el impacto en los precios del combustible que paga el contribuyente sin saber por qué—; en el Líbano, donde desde marzo de 2026 la llamada «Guerra de los 12 días» y sus secuelas acumulan más de dos mil seiscientos muertos entre combatientes y civiles, un millón de desplazados internos —el veinte por ciento de la población del país— y quinientos millones de dólares semanales en gasto militar israelí sólo para mantener activos los interceptores de la Cúpula de Hierro y la Honda de David (David’s Sling) frente a los misiles de largo alcance de Hezbolá; en Gaza, donde el recuento desde octubre de 2023 supera los ochenta mil palestinos fallecidos según el Ministerio de Salud de Gaza, con organismos internacionales advirtiendo de que las muertes indirectas por hambre y colapso hospitalario podrían triplicar esa cifra, mientras el Banco Mundial calcula que reconstruir lo destruido costaría más de treinta mil millones de dólares y los informes satelitales indican que el noventa por ciento de la infraestructura crítica ya no existe; y en los servidores invisibles de la guerra cibernética, donde la «Unidad 8200» iraní y sus aliados drenan el doble de lo presupuestado en fondos de defensa estadounidenses e israelíes, en una guerra sin parte de bajas porque las bajas cibernéticas no tienen funeral, ni foto, ni discurso en Turtle Bay… y… ¿en serio, N0sce, e ya?
Y mientras el mundo arde estos dos se permiten la osadía de no hacer nada según el Taoísmo filosófico (wu wei, Laozi y Zhuangzi: acción sin forzamiento, no intervención ansiosa, obediencia al fluir del Tao), no como pereza de sofá sino como renuncia a meter los dedos en la maquinaria secreta de las cosas, como comprensión de que hay puertas que sólo se abren cuando uno deja de empujarlas; de no hacer nada según el Budismo Zen (zazen / shikantaza: «sólo sentarse», meditación sin objeto, sin meta, sin caza de relámpagos interiores), sólo respirar, sólo dejar que los pensamientos crucen la habitación mental sin perseguirlos con una escoba ni ofrecerles una silla de honor; de no hacer nada según el Estoicismo (amor fati / dicotomía del control, Epicteto y Marco Aurelio: amar lo que llega y distinguir lo que depende de uno de lo que pertenece al teatro de lo inevitable), aceptando que no todo lo que muerde el mundo debe morder también el juicio propio; de no hacer nada según el Budismo Theravada (vipassana / sati: atención plena, observación ecuánime del cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos), mirando cómo todo surge y cesa, cómo todo cambia, cómo todo reclama una reacción y cómo, precisamente ahí, cabe no obedecer a la avidez ni a la aversión; de no hacer nada según el Advaita Vedanta (neti neti / atma-vichara, Shankara y Ramana Maharshi: «ni esto ni aquello», «¿quién soy yo?», desidentificación del pequeño yo hacedor), hasta que el funcionario interior que se creía autor, agente, ministro y ventanilla empieza a perder papeles, sello y jurisdicción; de no hacer nada según el Escepticismo pirrónico (epojé / ataraxia: suspensión del juicio y tranquilidad nacida de no asentir con prisa), no afirmando ni negando con esa urgencia tan de tertulia, dejando que argumentos opuestos se miren a los ojos hasta que aparezca una habitación sin ruido; de no hacer nada según el Epicureísmo (ataraxia: ausencia de perturbación, vida sencilla, reducción de deseos innecesarios y miedos infundados), limpiando el alma de terrores administrativos, dioses malentendidos y muertes anticipadas, y reduciendo la felicidad a su escándalo más sencillo: amistad, pan, cuerpo sin dolor, alma sin sobresalto; de no hacer nada según el Sufismo (tawakkul / fanā’ / muraqaba / tawhid: confianza absoluta, disolución del ego, contemplación del Amado, unidad), soltando la voluntad propia para que se desactive esa fábrica privada de importancia que cada cual lleva instalada en el pecho; de no hacer nada según el Cristianismo contemplativo (hesiquia / oración de quietud / Nube del No-Saber / santo ocio: silencio de pensamientos, acogida amorosa de la presencia de Dios), donde el alma deja de explicar el misterio como si el misterio necesitara acta notarial, y se limita a acoger en silencio; de no hacer nada según el Hinduismo de la Bhagavad Gita (nishkama karma / Samkhya / buddhi: acción sin apego al fruto, discernimiento, comprensión del Ser que no actúa), haciendo lo que toca sin convertir el resultado en altar y recordando que la superficie del mundo puede agitar sus brazos como un orador en llamas mientras lo inmutable permanece sin propaganda; de no hacer nada según la vía negativa (apophasis: despojar nombres, imágenes y conceptos), hasta que lo real deje de ser una definición y vuelva a ser presencia; de no hacer nada según la docta ignorancia (Nicolás de Cusa: saber que no se sabe), admitiendo que la ignorancia lúcida puede ser una forma más limpia de conocimiento que llenar el vacío con muebles verbales; de no hacer nada según la Gelassenheit (Meister Eckhart: dejadez, abandono, desasimiento), dejando ser a las cosas sin capturarlas de inmediato para el inventario del ego; de no hacer nada según el otium antiguo (otium: ocio fértil, estudio, retiro, atención), no el ocio de la distracción sino el de quien se aparta del estruendo público para leer, pensar, mirar y volver menos bruto; de no hacer nada según el sabbat (cesación: interrupción sagrada de la maquinaria), parando un día para que hasta la eficacia recuerde que no es dios; de no hacer nada según el quietismo (abandono de la voluntad propia: peligro de pasividad, intuición de fondo contra la codicia espiritual), con todos sus excesos, pero también con esa sospecha útil de que incluso querer santificarse puede volverse otra forma de avidez; de no hacer nada según la contemplación desnuda de la naturaleza (mirar sin apropiarse: hoja, nube, taza, ceniza de cigarro), sin exigir a lo visible que rinda significado, rendimiento o moraleja; de no hacer nada según la amistad (presencia sin utilidad: estar con otro sin convertirlo en herramienta, espejo, público, enemigo ni proyecto), que quizá sea la escuela menos sistemática y más exacta de todas.
En Turtle Bay nadie respondió a la pregunta de Greta. Le dieron los aplausos de rigor, las sonrisas de protocolo, la foto con el secretario general, y luego tomaron sus vuelos de vuelta a los despachos donde se administra, con gran seriedad técnica, el fin del mundo. La pregunta siguió en el aire. How dare you. Sigue ahí.
Y aquí, en este jueves de mayo de 2026, mientras en el Estrecho de Ormuz los informes filtrados contabilizan cincuenta mil millones que en rueda de prensa son veinticinco, mientras en el sur de Beirut hay un millón de personas que ya no tienen adónde volver, mientras en Gaza el noventa por ciento de la infraestructura crítica es escombro y los organismos internacionales buscan un adjetivo que no se haya gastado todavía, mientras en servidores sin nombre se libra una guerra cuyos caídos no tienen funeral porque un servidor no sangra aunque drene —mientras todo eso, que es mucho y es real y pesa—, las dos piedras siguen en el cauce. El río ha aprendido su forma. Detrás de ellas, el agua gira más despacio, más densa, en un círculo que no figura en ningún presupuesto suplementario, no aparece en ningún parte de bajas, y ninguna cámara ha encuadrado.
Así que pues ¡nada!
Nada taoísta (wu wei), nada zen (zazen, shikantaza), nada estoica (amor fati), nada theravada (vipassana, sati), nada advaita (neti neti, atma-vichara), nada pirrónica (epojé), nada epicúrea (ataraxia), nada sufí (tawakkul, fanā’), nada hesicasta (hesiquia), nada hindú (nishkama karma), nada negativa (vía negativa), nada ignorante (docta ignorancia), nada desasida (Gelassenheit), nada ociosa (otium), nada sabática (sabbat), nada quietista (abandono de la voluntad), nada contemplativa (mirar sin apropiarse), nada amistosa (presencia sin utilidad).
Una nada con bibliografía. Una nada con linaje. Una nada que ha tardado milenios en aprender a quedarse quieta. Mientras zumban en los aires los proyectos «ManhatTan» inventando armas de destrucción total. Ahora, en el 2026, os pregunto: «¿Qué os da más terror un mono con dos pistolas o un bot IA con «self autonomus weapons», :-D?
El choque de los «Límites Rojos»
A finales de febrero de 2026, las negociaciones entre Anthropic (creadores de Claude) y el Departamento de Defensa (encabezado por Pete Hegseth) colapsaron. Anthropic se negó a eliminar dos cláusulas específicas de su contrato de uso:
Prohibición de vigilancia masiva doméstica: La empresa no quería que Claude se usara para monitorizar a ciudadanos estadounidenses.
Prohibición de armas totalmente autónomas: Anthropic insistía en que su IA no podía ser integrada en sistemas que seleccionaran y atacaran objetivos sin intervención humana directa (lo que se conoce como «Human-out-of-the-loop»).
¿En serio, N0sce, Xavi? ¿how dare you! ¿Así? ¿Simplemente porque sí?
¿Y por qué el sí y no la nada? jajajjaja….
E ya.
