T04x05: Lo de la revolución cultural y la ruptura o no con las tradiciones, así como de las personas bisagra

Cada año me pasa igual con la Semana Santa. Todo se para, como un tsunami su lore obliga. Como cada año me purgo días después con la literatura. Te pongo abajo, del mes pasado, dos momentos que viví un poco como excusa, como digo, para la limpieza del alma, tras verles volver a contar lo de la pasión. En fin, ¿España laica para cuando? Dice así:

—Matriarca: ¡Soy Leonor! ¡Leonor me representa!

—Yo: ¡Qué charlas, máma! (entro de golpe en el comedor. Ella estaba claramente enajenada, sillón, mantita, tesito con vela aromática y papel guruño de galletita; lamparita de pie con foco a sus muslos, agarrada al libro usándolo, tras la cadena, como ancla a la Tierra, chillando cual borbotones de emoción que efunden del inconsciente y saltan a la realidad, cruzando las puertas de la percepción y profiriéndose por la boca. Aunque forcejea delatada para recomponerse, me da tiempo de verle recuperar la cabeza caída sobre el hombro de nuevo al centro vertical, y de recuperar la postura del «lector» subiendo las palmas de las manos a 45º para un plano oblicuo de lectura, en la relajación de su ensueño se le habían bajado al plano horizontal.)

(¿Ha dicho: Leonor, verdad? Me pregunto. De niño siempre la he visto rodeada de papel charol. Aunque a ella jamás le importaron las letras, ni los chismorreos, ni siquiera los nombres de quien aparecía. Era por los vestidos. Para coger ideas. Sea como fuere, si te soy sincero, no tengo ni idea de la princesa ni de su lore. Desconecté de la monarquía hace lustros. Tal vez, me digo, hoy investigue por primera vez al respecto…)

(Hago dos saltos verticales discretos, saco un codo y luego el otro, y hago tres pasitos tres compases bailándole un vals comedido y sobre mi eje vertical, tarareando con labios-trompeta unas notas de acompañamiento… cuando la veo un poco recompuesta, e interesada por ver qué ovarios le ha sacado de su oasis-T.A.Z. ensueño, o sea yo, y sus ojos me inquieren…)

—Yo: ¿Eres la princesa?

(Retomo tranquilo y sin esperar respuesta, como dándole señales de que ni me va ni me viene y que puede ser quien le plazca, retomando mi bailes, con tres nuevos compases de tres tiempos cada uno. Llevando lo mímico a sus últimas potencias donde, en el silencio impuesto, emites algún siseo o balbuceo rápidamente censurado. Como digo, vivimos en realidades distintas, dentro del mismo mundo,… ¿será su leonor nuestra princesa? No me imagino a mi madre queriendo ser alguien «puro», pero no hay que olvidar que la Reina es plebeya, así que la hija… ¿no? ¿Se dice así cuando no tienes sangre azul?)

(Sorprendida por mi irrupción en el salón, estallándole la burbuja onírica, algo recompuesta, recuperada la compostura, ella conecta un hilo razonador, y lo pone a recoger la cadena y recuperar el ancla, antes de volver a cabina, tomar el timón, y elevar velas. De nuevo navegando «el mapa de la realidad», que comparte conmigo en la medida en la que ambos estamos en la misma estancia, en aquél preciso momento, conecta en un lento flujo «princesa» con «Leonor», «Leonor» con lo que tiene en las manos. Eso le detona un disparo eléctrico y las dos palmas como ostras que clack cierran descubren el objeto de poder que tenía en las manos.)

(Quedo quieto, en silencio, tranquilo con mi película, dejándola más tiempo para que regrese de su viaje onírico. Ya que estoy, me ha picado, sigo chafardeando más datos sobre la princesa…)

(Obviamente, a mí, en nuestra relación de poder, ella no tiene que desplegarme quién es su Leonor, a la que se parece. Ni qué aventuras o andanzas, así que drásticamente decide subsumirlo y hacerlo desaparecer. ¡Clack! Hace un gesto inverosímil por lo eficiente que es multi-pasos pero parece un único movimiento que la cambia de «señora sentada en sillón leyendo» a «señora sentada en sillón cruzando nudos para un suéter» y que conlleva palpar la bolsa pegada al brazo del sillón para intercambiar libro por ovillo y agujas; acomodarlas bajo el brazo, y arrancar ese anudar pausado que, por toda otra palabra encima, ya es en sí mismo discurso y presencia. Maullaré atacado de curiosidad. Te pongo lo último que veo del tema caduco y que ha dejado de interesarme, y voy a chafardear su libro, a su Leonor, que, parece, no es la princesa…)

—Yo: ¡Miau! (Balbuceo escueto en este proceso, cual gato que por llevar alfombras en las pezuñas se le permite transitar los espacios, me acerco, bordeando la camilla hasta llegar a su bolsita y ver el libro, y poder meter la mano a husmearlo. Como digo, con la curiosidad felina de quien no juzgará lo que encuentre, y, simplemente, se siente atraído por ello, moviéndole en la quizás maniática necesidad de acercarse y palparlo. Curiosidad. Solo eso. Aunque ella ya está a otra cosa, y reúsa seguirme la conversación, sabiendo que le hablo al viento… cuando descubro el título…) Máma, pero si esto no es un libro prohibido. No tienes que esconderte para leerlo… 

(Toqueteo el lomo, lo expongo al viento, ante nosotros, lo abro como si fuera un artefacto mágico que «eso pudoroso de que encierra ideas inmóviles hasta que unos ojos las activan» en verdad, a simple vista, ni muerde, ni suena, ni hace presencia. Lo husmeo, cual gato, por su lomo, aleteando las tapas, pasando la yema del dedo por las páginas, rrrrrrrr,… Y entonces hago el mimo sibilino, escondiendo tras de la espalda ese instrumento de fuerza, con ademán de «yo no he visto nada», que recuerda que sí, el artefacto inocuo puede ser considerablemente sólido y poderoso de operarse sobre las letras una atención que las haga volar en el entendimiento (en la ensoñación). Ella está viendo su pudor a través de la línea del criterio de demarcación de lo escatológico, viéndome a mí allí, en ese otro mundo, allende esa frontera, al otro lado, exhibir sin culpa su objeto clandestino…)

(Sí, Leonor, en este campo semántico, es alguien que vino de un mundo de tradiciones y ha visto separarse la realidad de su mundo, y lo mismo que ella paría a su prole, el propio mundo paría los otros mundos donde sus críos habrían de vivir, en otros mundos dentro de la metrópolis; otros significados… una línea la separa (allí dentro) y le hace de asintótica ergosfera, horizonte de sucesos, a un mundo que solo puede «aceptar» (ni comprender, ni por supuesto, habitar), en la distancia, barandilla donde asomarse pero ni un paso más, donde alguien ve un mundo desde unas premisas y axiomas, a través de la frontera, gente viviendo en ese mundo con otras… Leonor.)

—Ella: Ya, ya… tú calla. (Con una sonrisa de serpiente, me saca una espada, ¡flash!, una aguja del sobaco y la convierte en «al final del verso os hiero», estilete; me amenaza, ordenándome desistir e indicándome con un vaivén de su hierro acercarme a rendir pleitesía. Sin soltar el libro, maullando, y refregándome la frente por sus tobillos, salto a su regazo. Me abofetea en el hombro, y me amonesta con los ojos y el índice, castrense, exigiendo la devolución formal del libro, abriendo la palma para que se lo pose; se lo poso. Sacude las pantorrillas, salto, propulsándome lejos, arrojándome de su seno, reintroduce el libro en la bolsa, restaura la pose «señora haciendo punto» y vuelve al silencio indiferente de su anudar.)

—Ella: ¡Venga! Vete a ver si vuelven ya. (Realmente el libro no era clandestino. No era eso. Estaba en su mundo, y el libro le había dado un marco generacional con las líricas de Leonor, de esas que resuenan en el brochazo gordo para pintar la línea en el mapa de la historia. Ese trazo en concreto tiene a la SEAT, la INDO,… esos grandes centros de trabajo que vertebraron una época. Ese mundo es el que mi madre necesitaba replegar, porque forma parte de un pasado, del camino de toda una vida, que se esfuma en el presente… Y zanja vehemente indicando la puerta de la calle) ¡Asómate a la plaza a ver si ha entrado!

—Yo: ¿Te hubiera gustado ir, eh? (sonrío pícaro; le chinchan sus piernas cansadas que apenas si la dejan un rato de autonomía. Y con la silla de ruedas o las muletas no quiere salir a que la vean. Está rabiosa, por no poder seguir yendo. Y le cuesta mucho aceptar que debe resignarse. Ahí, para mis ironías y pullitas hay herida que acepta granitos de sal. Pero, tras lanzar la pullita, mi verso es golpe y hiere, salto cual gato que ha visto culebra, viéndola a ella, llamas en el sillón, hacer ademán y mirar su zapatilla. Salto a la puerta….)

—Ella: (Chillando el estilete) ¿Y tú, por qué no vas?

—Yo: (En verdá, te traduzco el código, lector, lo que pregunta es: «¡puto hereje, tú por qué no te bajas manso y cargas el yugo como los demás?» Pero usó esa otra forma más cordial y neutra. Ya pasamos hace décadas del forcejeo, en otro tiempo sí hablaba claro. Sobre todo cuando tenía autoridad para imponerlo y no preguntaba sino que ordenaba que fuera. Ahora llevamos esta recta final tranquilos cada uno en nuestra posición de poder, respetando y exigiendo ser respetado… Al final, si te soy sincero, ella y su mundo arcaico siempre fue el más pequeño de mis problemas, verbigracia esto que te pongo debajo, así mezclado con gotas de antídoto «espiritual» para una salida no política a la política…)

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—Yo: (Devolviéndole la ironía…) ¿Qué por qué no voy? Ya sabes por qué me quedo: ¡Para cuidarte! (Y extiendo la sonrisa más ancha que soy capaz, he intento contornearme con el rabo estirado acercándome buscando frotarme en su piel por más que vieja y gastada, siempre un vestigio de ónfalo y vientre mariano. Pero, ¡zape! reculo de un chispazo viéndola de nuevo amenazarme con la aguja como espada, y salgo disparado buscando la puerta…)

—Yo: ¡Voy a mirar… pero…! (Con el cuerpo ya fuera y una mano en el quicio que me frena, vuelvo al mimo, hago el retroceso elástico, he salido del salón escopeteado y, con mi retén, regreso apareciendo cual estrella cometa con cabeza iluminada y cola de estela evanescente. Tras el rebote, cuando estoy en el punto de no retorno, a lo que da mi brazo que ha hecho de bisagra, y de nuevo la marcha cambiará de sentido y me marcharé dejándole una nueva sardónica risa flotando en ambiente. Estrella que salta al centro de la escena, eleva los brazos en un: «Ecce homo!». Ete aquí mi punchline… apunto…) ¡Me voy a buscarte noticias! (… y disparo:) ¡pero tú no te muevas de aquí, vale? (Por toda respuesta, ella no se descuenta del punto y hace un gesto forzado frunciendo los labios en un, ¡qué te den, payaso!, ¡salte de mi vista, ya! Ese ‘¡ya!’ lo intuyo pero no se lo veo u oigo porque al trote ya enfilé el pasillo. En el tránsito, para entretenerme, como si fuera el pasajero de un tren esperando a su próxima misión, la mía es mirar por la puerta a ver si les veo venir, mi curiosidad pincha algunas ideas que me regresan porque las estuve trabajando…)

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(… temas que me acucian y que me están moviendo, lector, las tripas estas semanas, y que, como digo, hacen de estas otras viejas fricciones locales pecata minuta…)

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Media hora después…

(Hermano de mi madre, cortado con el mismo patrón, es ya el mediodía y su hermandad ha encerrado el paso, levantando a los nazarenos la túnica y dejándolos marchar, reuniéndose cada cual con los suyos, van dispersándose de la fila. De regreso al hogar, yo asomado a la puerta los veo entrar por la esquina, la comitiva de uno de los penitentes con número de fila inferior a diez se ha recogido en la casa, adentrándose al salón, donde ella ha adoptado la pose de «señora que está sentada en sillón mirando a los que llegan». El grupo se concentra un momento antes de dispersarse en las estancias. En los lavabos se hace trombo y colas para entrar; y los grifos y el federico no dan abasto. La mayoría busca donde sentarse y los que se quedan sin sitio traen sillas. Él, sentado junto a ella, en sitio preferente, se agarra en vilo, entre descomponerse y el digno sujetarse con pinzas de aquel ánimo que, una vez más, un año más, lo ha logrado; acto mundano de caminar en fila repasando mentalmente lo que dio de sí y «poniéndose a bien con dios en silencio penitente». Y uno no cae ya en ese punto de mieles. En mi interior, en paralelo, sin que nadie de la sala puede escandalizarse porque me lo guardo para mí, no le reconozco mérito ni dignidad alguna a vestirse y salir tras el paso, andamos entre el «antes», «durante» y el «después» de los arquetipos que te muestro debajo y eso nietzscheano recuperado-por-Liria-en-la-ilustración-oscura del «penitente del espíritu», y, puedo decir, la penitencia de mi tío no me parece penitencia, habiendo otras que sí lo son y requieren de fortaleza para no quebrarse…)

Antes:

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Durante:

Después:

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(Primera vez en sentarse desde que salió esta madrugada. El murmullo, la conversación desordenada, las voces que se cruzan, como si se escuchara con palabras el agolpado escándalo en una laguna de cascada, frases que todo el rato llegan y se unen a lo dicho. La anécdota: el cristo anduvo la primera hora sin música porque la banda no pudo presentarse a tiempo, encadenando «bolos», y muriendo de éxito, con actuación la noche anterior a cien kilómetros. En su esquina del salón, ella ha cambiado el «señora en sillón que recibe a los recién llegados» a «señora con codos en las orejas del sillón, cuello estirado y cabeza flotando equilibrándose en el agua oral nivelando la conversación en las orejas, cual loto en lago, escuchando qué se cuece a lado y lado de la sala». Mi tío ha quedado un momento ensimismado, y entornó un poco los ojos, mi madre lo aprecia y sisea moviendo un brazo, como quien no rompe sino flota en la superficie curva del lago, que se meza, para llegar a sus orejas y su atención, e insuflarle unas fuerzas que en otra época sí tuvo pero ya no tiene por la edad…)

—Ella: ¡Sshhhh, niño! ¡Venga, ya está! ¡Vamos, que te enfrías, lávate y acuéstate!

(Él hace gesto de «sí, eso, hasta aquí» pero también gesto de procastinar un momento más, apartando la mirada y reenganchándose en la conversación, como si eso le fuera a volver a llenar de energía. Braceando con el primo que tiene al lado algún argumento sobre si las flores del manto de la imagen eran lo suficiente onerosas o si por serlo eran demasiado ídem. Con la espalda levemente separada del respaldo de la silla, sin apoyarse, solo levitando como guía, las manos agarradas al cuadril, con la cara sudada y el rojo ya disolviéndose… en este punto, lector, en la escena, el murmullo y el clamor trata del sempiterno tema de los números que dan proximidad al paso, los años de fidelidad y ese tipo de hablares sobre la tradición en días como esos que no solo está presente como marco sino que se ha performado socialmente…)

— Él: ¡Sí, pues yo solo falté de salir una vez, un único año…!

(«¡Ainnnnnns!!» en un suspiro se contrae la conversación porque todo el mundo recuerda el drama de aquél año que, efectivamente, hubo causa mayor en el mundo familiar por lo de… Yo aprovecho la oportunidad, de abrir la boca, lo hago puntualmente, para soltar unos comedidos y escasos granitos de sal a la herida de mi tío… en mi lore, él es el general condecorado y yo el soldado de la región sardónica que ríe soportando con similar o parecida fortaleza su papel en el mundo… no siempre decidido por uno mismo, jajjaja. Mi padre, que como yo tampoco se viste ni sale a la penitencia, fresco como una rosa, asoma entonces, duende discreto con mímica, desde el fondo de la cocina, levantando unos vasitos de chupito, haciéndome señas para que vaya; cuando estoy comedido araño menos, pero, con la llamada al «círculo» de mi padre, sin querer se me salen las uñas… me uniré al corro y rasgaré la guitarra y toda esta sarta de palabras y estáticas relaciones orales de mi madre y mi tío serán de otro «universo»…)

https://x.com/_dev_aleph_1/status/2050118884514996556

(Como expliqué, mi intención era hacerle un chiste inocuo a mi tío, pero la mezcla es terrible: mis ganas de lanzarle la pullita y el ademán ipsofacto, acto reflejo a las señas clandestinas de mi padre, me pone de pie y me despierta al mismo duende que en unos minutos beberá y tocará, el dardo peripatético, en movimiento, siempre lleva más fuerza e inercia; me muerdo la lengua, y, por respeto, en ese ánimo y con look & feel tipo Eugenio, el cómico aquel de la barba, solo le pico con un…)

—Yo: ¡Quizás, esta, sea la última, jajja! (sobre el ¡¡Ainnnnsss!! con que se vuelve a contraer el ánimo de la conversación desplegando mi dardito que se clava allí donde los presentes ya van viendo que sí, físicamente, su cuerpo, ya no es el buey que fue, ejemplo de fuerza y arrastre, ahora consumido acercándose al octogenario estadio de repliegue. Hago mi punchline:), jajjja ¡a tenor, so capa y por mor de la senectude, tío! ¡Ley universal, jajajj! (y, en mi cabeza, por contra, sí dejo que se desplieguen esos «valores» y «principios» de los que está siendo cómplice y por los que sí merecería que al final de verso le hiriera…)

https://elarjonauta.substack.com/p/elon-musk-open-ai-y-todo-el-mal-que

—Él: (encajando con una sonrisa más de cortesía que de espíritu, aprovechando la disrupción para levantarse con los dolores de una maniobra con músculos que se están enfriando, salirse del corro y envararse en un postrero esfuerzo) ¡Sobrino, sobrino….! (Me busca con la mirada, le río sardónico, agitando la mano, mirándole sin pestañear mientras se levanta) ¡Tengamos la fiesta en paz! ¡Me voy a dormir!

— Yo: ¡Merecidamente descanse el guerrero! ¡prometo estar silencioso como un gato! (Sé que es mentira, y él también. Así que es otra pullita. Ambos sabemos que haremos jarana y tendrá que levantarse con la zapatilla a echarnos la fiesta a otro lao. Me olvido de él, y de su lore. Busco, sobre las cabezas, los ojillos de mi padre, que me espera con una botella y varios vasos en piña con sus falanges y avanzo pidiendo permiso con las manos apartando con cuidado los cuerpos. En mi cabeza, durante el trayecto, cambio acusaciones concretas a mi tío por otras de carácter común, de la volonté générale, como estas…)

(En otra época, hace una década o tres lustros, mismo sitio, mismos personajes, mismo paso de la secuencia, hubieramos chillado un rato, peleando de si pasear muñecos sacralizados y darse panzadas de caminar con capucha es tradición o de si los que las sueltan y no las siguen son los culpables de acabar con ellas y soltarse a «lo de ahora, este mundo de corpos, impersonal, copia, pusilánime,… a este sin sentido sobredimensionado del que lo poco que podemos hacer es marcharnos…»)

(Lector, a fuerza de dar el martillo contra el yunke, así hemos llegado a ese fino equilibrio, yo desde mi frontera y él desde la suya, a la que quizás sea su última penitencia, su ribete a un camino de presencia, a un camino que suma «su» lucha diaria y que tiene algunos defectillos de base (como lo católico disimulando una teología de la liberación de postín), pero (en el próximo capítulo te contaré las andanzas de un «liberado sindical» en la España del 78) una lucha, igual que a Leonor, hay que reconocerles, de esas de Bretch, de los que faltan poco a clase, en un verdadero y largo itinerario curricular. Nuestro mundo raro, impostado apareció y se superpuso al otro, al suyo…)

https://x.com/_dev_aleph_1/status/2049869065062080641

(Ellos lo hicieron, y a nosotros todavía nos queda mucho por tragar y demostrar. Lector, no tengo más, me lamo y limpio esta patina judeo-cristiana que me viene de serie en el país, cada puto año la misma salpicada en el ambiente, ¡es terrible impregna todos los rincones! y te despido cantando como aquel «de los buenos manantiales, los buenos ríos…»)

https://x.com/_dev_aleph_1/status/2049882680402071890

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