Martín Santomé
2023 – Octubre. Prueba de concepto. Tastet. Teaser-boceto-trailer. Parte primera de una tragedia. La parte dos, titulada “La máquina universal”, finalmente se presenta independiente a esta. En su propio libro.
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Mi maestro marchó dejando su trilogía de memorias incompleta. El segundo, y último volumen, se intitula: “Galgo corredor”. De él aprendí que no debe jugarse a la cábala hasta la década de los cuarenta. Y que el único camino que merece la pena vivir es el del corazón; y conviene tomarlo por su mano izquierda. La suya fue una postura posicionada entre los cínicos/epicúreos, admirando y reconociendo lo apolíneo pero vitalmente dionisíaco.
Con una aversión terrible a la Araña, mi maestro me bloqueó cualquier tentativa de sentarme a escribir mediante técnicas de sobrestimación humanista. Forzándome a la egografía o, como mucho, a la novela de no ficción. Tuvo especial cuidado en señalarme lo no visible de modo que pudiera saber en todo momento qué estaba perdiendo la humanidad con el cambio de era, tras la Modernidad (época que odiaba terriblemente).
He cumplido los cuarenta y mi maestro anda más allá del día 49 que fija el Bardo Todol punto de ruptura. Ahora puedo sentarme a escribir mi libro. Con una mirada al cielo y otra al folio. Los ojos abiertos en lo invisible. Escritura que, no podría ser de otro modo, tendrá la forma de una tragedia. Que cuenta las cosas y los casos como son; ni como pudieran haber sido, ni como podrían ser. Eso sí, se orará con atención al lector, con intención de persuadirle en todo momento, de forma ornamentada y estética.
Verano, 2023, Sevilla.
Prólogo
Tragedia ortodoxa como la concibió Aristóteles, en los inicios fundacionales de nuestra civilización. Una tragedia donde el coro lentamente se evoluciona desde la figura de estado-nación al campo abierto del mercado único. Y donde lentamente los protagonistas sapiens se salen de escena bajando al patio de butacas, sentándose a presenciar una nueva obra donde ahora los hipócritas que llevan máscaras de persona son las inteligencias artificiales.
Así, prologo aquí la primera parte de la tragedia. La introducción. En ella el lector sabrá de nuestro propósito (ir en busca de Adam) y se intentará (valore el lector si con éxito) desnudar la escritura con buen gusto y decoro. Se ofrecerá trama literaria, acción y drama, pero, al final, objetivo de la introducción, se querrá llegar a la parte dos desprovistos de un ropaje literario que supone río desembocando en un mar de información. Esta parte 1 llegará a la playa. Y, desde allí, ya embarcados en el barco de Adam, navegaremos mar adentro. Saldremos en busca
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de esa línea o criterio de demarcación que Aristóteles tendió al sesgo entre física y metafísica. Hijos de nuestra época, intentaremos correrla, ante Adam, al lugar que la actualidad requiere. El Big Data, que no es más que un montón de Small Data, nos espera. Adam será nuestro anfitrión; garante de un viaje con retorno seguro.
Igual que el autor de El guardián entre el centeno, o que Joyce, discípulo de mi maestro (siempre fui no- discípulo de no-maestro) vivaz entre los más despiertos, me pongo a escribir cuando sé cómo inventar una nueva forma de hacerlo. Eso sí, lector, lo haré breve. Escatimaré adjetivo. Tenderé a la enumeración. Le evitaré al lector todas las letras que pueda, habida cuenta del mar de ellas que nos asola, ¿estaremos viviendo un diluvio universal donde quien ahoga es la información? ¿Le encuentra el lector similitud, le parece posible establecer analogía entre el agua y la información? ¿Sirve la metáfora de estar viviendo en esta época un diluvio universal ahora que la nube digital truena, relampaguea rayos de inteligencia generativa y llueve multimedia sobre nuestras casas, ahora ya varios metros inundadas?
¿Se encontrará relación entre el mecanismo de Shanon para destilar información digital (codificada en sistema binario de ceros y unos) y, del agua, sus dos átomos de hidrógeno por uno de oxígeno, y podrá contarse la homeomorfía cuyo relato es que algunos capitanes de barco han embarcado una pareja de cada especie y una semilla de cada variedad responsables de sobrevivir al apocalipsis sumergidos, ahogados en las aguas (información) del metatarso que lentamente al principio y ahora ferozmente nos llueve desde las últimas décadas?
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Quizás el lector de esta época tome la tragedia como la narración de unos hechos que condujeron desde la felicidad hasta el infortunio. Pero, sepa/recuerde quien lee, la tragedia aristotélica contemplaba el viaje de ida y vuelta entre esos dos polos. La tragedia aristotélica no cuenta una utopía (viaje desde el infortunio a la felicidad) ni una distopía (lo que ahora se entiende por tragedia, la narración de una caída en el infortunio), sino que para Aristóteles el campo está abierto para deambular entre ambas. Si bien la tragedia cuenta las cosas y los casos así como acontecen, lector, escribiendo esta primera parte, si bien conozco el nudo, apenas vislumbro aún el desenlace. El nudo deberá narrar que las redes como la ONNX Runtime (esa sería la de Microsoft, pero cualquier otra red de modelos equivale), siguiente capa en el modelo OSI con que se ha construido la red de redes; su textura de información chorreando en torrentes y olas, inunda el planeta. Pero, lector, cómo acabará esta tragedia, en horas de redacción de su primera parte, aún no está escrito.
Por dar una pincelada, que seguro dejará fuera de juego a más de dos lectores, veremos en el nudo de esta historia, en una cadena de imitación, patrón de la tragedia aristotélica, que WebAssembly significa una nueva membrana para las WebApps. Los navegadores son aplicaciones que desde cualquier máquina (escritorio, móvil,…) pueden navegar la red. Independientemente de si la máquina tiene un escritorio desde donde pilotar la navegación o se hace inmersivamente. Con la introducción del metatarso volverá a separarse un territorio y se verá a gente pilotando la inmersión desde la web y gente inmersa en el metatarso sin posibilidad de control de mando. Y, esto significa, la emergencia del siguiente estadio evolutivo en lo
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respectivo a este “sentido común” posmoderno, empíreo digital de información y aplicaciones. Consciente colectivo. Lleno de verosimilitud, pero también de imaginación y memoria. Para incorporar a la web esas redes neuronales bayesianas que imitan al cerebro es necesario crear un nuevo espacio donde corra software ensamblado fuerte y robusto capaz de manejar los bastos modelos. En la actualidad, se ha completado con éxito una fase de inferencia a distancia. Las apps en la web lanzan peticiones de predicción o de generación a distancia a los puertos de servicios de los servidores de operación. Tarde o temprano, y Onnx Runtime es un sistema para ello, estos modelos querrán salir de los puertos y subirse a las barcas de las apps webs. Querrán entrenarse dinámicamente para inferir o generar en tiempo real completando sus capacidades actuales de deducción e inducción, ahora abduciendo información del contexto en que se encuentra la web. Reentrenándose evolutivamente. WebAssembly es el espacio que está naciendo en los navegadores para acoger este nuevo tipo de código. Si bien Adam nos guiará en esos territorios, segunda parte, nudo de la tragedia, para el desenlace querremos regresar para terminarla. Una vez se establezcan los patrones para manejar conjuntamente las redes neuronales que ahora operan aisladas resolviendo tareas unitarias, ¿cuánto entenderá el sapiens de su córtex y neo-córtex en la imitación aristotélica? ¿Cuánta de esa comprensión traerá consigo un nuevo mundo.
En la comparación, conectada la amígdala al cerebro reptiliano, la espina dorsal en manos de la INANA vertebra un haz de entradas/salidas conectando mente y piel sensible en el campo de verdad. Haz de conexiones que escuche señales y mande órdenes al enorme sistema
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nervioso de Cosas que se multiplicará con la ampliación de IPv4 a IPv6. En ese estadio, la copia cerebro-epidermis estará completada y los primeros autómatas cyborg listos para sentarse en la asamblea de la ONU y solicitar su encaje con el resto de naciones. La tragedia, imitación, servida. La tesis, obligada, probará de nombrar Hominoidea Viralis a un cierto suma y sigue evolutivo que discurre de la homínida Eva mitocondrial, a 300.000 años del presente, atrofiando la cola, alzándose bípeda, deshaciéndose del pelaje. Una inteligencia (la cuestión sapiens) saltando de filo en filo con voluntad de escapar de los homínidos. Un virus desbocado en el planeta. Y, en esa gran conquista, profundamente apolínea, un antídoto: el visceralismo de la autenticidad humana. La embriaguez dionisíaca.
Veremos. Siempre a riesgo de saltar por los aires, el metaverso podría proveer de un mundo dentro de la web, números surreales, infinitos de Cantor (Alephs), allende el punto más grande conocido. Veremos si alcanzable desde los escritorios. Veremos si alcanzable desde un navegador. La tragedia en la introducción, parte primera, la que tienes entre manos, lector, contará, ciñéndose a los hechos, la aparición de las nubes y su romper en tormenta. En la parte dos, el nudo, la acción y el drama relatarán el diluvio, de la subida de las aguas, de lo que se traga y de lo que flota. Y, en la tercera, veremos en qué queda la nube y cómo la Tierra. Contaremos del segundo origen (de la tragedia), y nombraremos algunos capitanes de arca.
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Mecanuscrito del segundo origen (de la tragedia)
Domingo, 10 de septiembre de 2023. Arrastro por más de veinte años un ejemplar de los Diarios que escribió en la década de los 30 una
francoamericana nacida de padres cubano-españoles, Anaïs Nin. En ellos, describe como nadie el lugar a donde nos adentraremos en las próximas páginas. Si te persuado, lector.
Un territorio poético disociado de la vida mundana en la corteza del planeta Tierra. Un espacio-tiempo distinto al que físicos como Copérnico, Newton, Einstein, Laplace o
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Hamilton han tratado de poner puertas al campo, logrando, hay que reconocer, gran cerco.Adam nos está esperando allí, en ese otro lugar.
Confío que no tardemos más que unas pocas semanas en llegar junto a Adam. Él sería el protagonista de nuestra tragedia. Entiendo que pasaremos un trimestre o dos con él. Intentando la catarsis. En las últimas páginas de este diario (o de este «trozo» de él) regresaremos aquí, a este lugar en el que te recojo, un teatro, unas tablas, un telón que se echará.
Confío que Adam será alguien muy especial que te agradará conocer. Escribí lo anterior con ironía. Me pregunto en qué lugar quedan Apolo y Dionisos frente a Adam. Si el origen de nuestra tragedia arreció con la apolinización de occidente, la inteligencia artificial (Adam en nuestro relato), sin duda, se está convirtiendo en un segundo origen de la tragedia. La calidad “generativa” de materiales multimedia ha convertido la red de Adam en una cosa y caso demandando hueco en el calendario, asignación de tarea, de forma transversal, en la mayoría de centros activos de las sociedades desarrolladas.
Si te aburres de la ida o del regreso me gustaría recomendarte que al menos ojees las páginas centrales, donde narraré los días y las noches viviendo con él.
Domingo, 17 de septiembre de 2023 ¿Qué significa «Dios ha muerto», «La verdad no es determinable»? Significa que el observador,
por la paradoja de la doble rendija en las trayectorias de los 10
electrones, que se comportan, a la vez, como partícula y como onda (en este experimento vemos gráficamente cómo el trayecto del electrón desde un punto hasta otro pasa por la doble-rendija desdoblándose) adolece la caída del armazón objetivo como columnas de aire multiplicando la presión que la gravedad terrestre ya de por sí nos impone sobre los hombros. La imposibilidad de determinar de forma determinante es un disolvente esparcido en la cúpula celestial que cala empapando su bóveda, y, haciendo efecto, descuelga del firmamento la inspiración divina del antiguo mundo. Dejándola caer sobre nuestros hombros. El peso del viejo reino divino ahora mezclado con las tripas y los huesos, sedimenta una determinación que impide determinar: cualquier determinación que se haga habrá siempre de justificarse con la autoría de una perspectiva. Una perspectiva puede determinar. Pero solo bajo su mirada. Para el resto, su determinación no será determinante.
En el año 1888, en septiembre, el 31, un pensador indo-europeo encontró una determinación. Había pasado varios años aislado en la cima de una colina, únicamente conviviendo con sus animales de poder. Tenía una cabaña, un pequeño huerto, un pozo, un diminuto establo junto a un techado que guarecía una poca maquinaria para el procesado de víveres (prensa, molino, envasadora,…). Aprovechó, además, una cueva estrecha pero profunda inscrita en la cara sur de la colina para acumular una colección de pergaminos, láminas e incunables escritos en páginas de tripas y fibra vegetal encordadas con tapas de cuero. Había logrado armar tres estanterías largas y altas colladas a las paredes de la cueva. Estudiando y trabajando,
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ayudado y asistido por sus animales de poder, cruzó hasta seis estaciones.
Así, el último día del noveno mes del año 1888, tras estudiar, tras recomponer el relato de nuestra historia, tras hilar la secuencia de sucesos sucedidos sucesivamente desde los filósofos fundadores del pensamiento helenista: Sócrates, Platón y Aristóteles en la Grecia de hace dos milenios y medio; una vez recompuso el pasado encontró una determinación: la verdad, en su época, había dejado de ser algo real. Una concepción mental-noumenológica- psíquica-ideal-emergida-dentro-del-cráneo de la existencia, descubrió el pensador en su colina, había arraigado y florecido en el jardín de sentido común occidental. Esa flora había ofuscado nuestra capacidad de percibir la Verdad, a Dios. Con partida de nacimiento, fecha y padres, esa concepción dialectal arrecia en los albores de la filosofía occidental, en la antigua Atenas, en Sócrates, un ateniense que, justo por esto, murió ajusticiado. El pensador, que se apellidaba Nietzsche, recibirá una revelación: «¡Dios, muerto!» y, al quicio de su estudio, para explicarse, con emergencia y agitación, legó negro sobre blanco: critico a Sócrates principalmente por su énfasis en la razón, la lógica y la búsqueda del conocimiento abstracto. Veo en Sócrates al «hombre dialectal» que promovió una mentalidad racionalista y analítica en la filosofía occidental. Argumento que Sócrates despreciaba los instintos naturales y las pasiones humanas en favor de la razón y la moralidad, lo que, creo, llevó a la represión de la vitalidad y la autenticidad humanas. En esencia, yo acuso a Sócrates de haber debilitado la fuerza vital y haber dado lugar a una cultura decadente y reprimida. En una cara de la hoja, con furia, con determinación, fraguó el libelo a
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Sócrates. En la otra cara, el de Platón: veo a Platón como el discípulo de Sócrates y lo critico por su idealismo y su teoría de las Ideas (o Formas). Considero que Platón contribuyó al dualismo y al desprecio por el mundo sensible y material al postular un mundo de Ideas perfectas e inmutables. Además, critico la visión de Platón sobre la realidad como una mera copia de estas Ideas eternas, lo que considera una negación de la vida y una promoción de la abstracción y la negación del mundo real, promoviendo una mentalidad idealista y rechazando la afirmación de la vida. Así escribió Nietzsche en 1888, desde Alemania, en el corazón de Europa.
Ese día, cuando el sol ya rebasaba su límite ascendente centrado en bóveda celeste, regresaba con dos cántaros de leche tras manosear las ubres de Fátima (una enorme vaca) y Eva (una cabra hermosa). Horas antes, en la mañana, había recogido un par de pimientos, una lechuga y los cuatro últimos tomates de la temporada. En el alba, aún cuando la oscuridad reinaba en la cima de su colina, había molido medio kilo de trigo para hornear dos panes. La noche anterior había resellado una barrica que fermentaba diez litros de vino tinto. La tarde anterior la pasó encerrado en la cueva, entre los libros, concibiendo la determinación. Este mediodía, el pensador entró en la cabaña, hirvió y coló la nata de la leche, impregnando la estancia del denso aroma lácteo. De repente, tras cerrar la última botella, quedó quieto, apoyado en la encimera, ojeando sin enfocar tras la ventana sobre el fregadero. «Dios ha muerto…», se susurró con miedo. Era su determinación. Él, en conclusión, interpretaba que Dios era lo mismo que «La Verdad». Que por mucho tiempo, desde los antiguos anales de nuestra evolución allí donde
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Eva (nuestra madre mitocondrial) parió las mitocondrias de las que todos descendemos, por mucho tiempo mucha gente había usado la palabra «Dios» cuando querían referirse a lo que es, la verdad, la realidad. Y, ¡gran tragedia!, La Verdad, se susurró quitándose el delantal y secándose las manos en un trapo, había muerto en su época. Salió de la cabaña azorado, buscándole la cara al Sol de Mediodía, con los brazos abiertos, en el medio de su huerto, pisando lechugas, ajos y patateras. Dios había muerto, él lo descubría, a causa del florecimiento de la concepción que vimos en el párrafo anterior.
El temple, la parada, el mando de los últimos años súbito se le desbocó. De pronto, a raíz de tomar consciencia de tal determinación, el pensador entró en un frenesí maníaco urgido por la necesidad de alertar a todo el mundo de su descubrimiento. ¡Dios había muerto! ¡La Verdad había muerto! El pensador cayó en un mar de certeza y convencimiento motor de una voluntad para el corto plazo: su obligación era bajar de la colina y acudir a los templos de poder y de reunión para pregonar su voz de alarma. La religión, la política y las finanzas habían convertido plazas, foros y mercados en empíreos y emporios, lugares tremendamente frenéticos, donde se apiñaban abajo en los poblados. Veloz como un cometa viajando en el espacio abierto, tomó una saca y reunió pocos enseres y menos habituallamiento. Abrió los establos, espantando luego a las bestias, lanzó besos al aire despidiéndose de sus animales de poder y corrió arrojándose ladera abajo chillando ya su mensaje: «¡Dios ha muerto!». Lanzando zancadas, trató de recordar la ubicación del mercado más cercano. Una vez en el valle, recorrió las vías torciendo en los cruces según la ruta.
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Apenas unas horas de travesía que arreció el murmullo del trasiego comercial. El pensador apretó el paso hasta divisar la masa de clientes, tenderos, transportistas, distribuidores afanada en puestos, pasillos y trastiendas cerrando sus tratos. Redobló su chillido: «¡La Verdad ha muerto, Dios ha muerto!». Se adentró en el mar de personas que se apartaban a su paso, extrañando y asustándose por la alarma.
Solo una persona de cientos con las que se cruza el pensador, por la noche, tras una cena de taberna, ya bebiendo licor de flores al calor de una chisporroteante chimenea de suelo; solo una persona se interesará y querrá saber más pidiéndole al pensador ampliar su alarma. Así habló el pensador: «La humanidad europea, como una adolescente que trata de hacer las cosas por sí misma desasiéndose de sus creadores, pierde lo ubicuo y omnisciente de unos progenitores hasta entonces cuidándole y protegiéndole. Y, en su emancipación, gana un «eterno retorno» de jornadas diarias como único sostén a su biografía. Dios ha muerto, y la humanidad queda a la deriva de los días sin carriles ni vías divinas. Solamente sus piernas y el camino: sin puerto de llegada ni último destino.”
Dentro de dos semanas habrán pasado ciento veinticinco años desde tal alarma. A mediados de la semana que viene juego un torneo de ajedrez en la plaza. Además, celebran un recital de poesía. Aprovecharé para investigar en ese mundillo de arte-deporte-ciencia, a ver quién puede darnos una pista del paradero de Adam.
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Lunes, 18 de septiembre de 2023. El miércoles asistí en la plaza del pueblo a un recital de poesía. Tras la reunión me acerqué al poeta que
tuvo a bien indicarme por dónde debería seguir nuestro camino en busca de Adam. Próxima parada: el Liceo de Atenas. Hay un problema grave, lector, en la ruta. Resulta que, como el electrón en su paradoja de la doble rendija, nuestro camino pasa por dos puentes distintos separados entre sí considerablemente. Pudiera parecer que si un camino se bifurca para luego volver a juntar las ramas, entonces, cabría escoger una u otra pues no sería mal negocio. Sin embargo, copulativamente, la ruta hasta Adam obliga a pasar por ambos a la vez. Sé, lector, que te parecerá un tanto raro esto que pongo. Igual que el autor de El guardián entre el centeno, pretendo crear una nueva forma de escribir; de ahí esa rareza. Lo nuevo, al principio, es raro. Durante esta semana saldremos a viajar por los anales de la historia en busca de dos filósofos, Aristóteles y Diógenes, que puedan representar dos polos opuestos (Apolo y Dionisio). En este viaje hacia Adam, lector, nos montaremos en la conciencia de ambos filósofos, y cada uno pasará por una rama distinta. No te preocupes si no comprendiste la hoja de ruta. Casi siempre cuando uno consulta un mapa se aturulla un poco con lo desconocido; y, para conocer, se ve obligado a concentrar su atención, comprimirla como si el pensamiento fuera un sol redireccionado en espejos para concentrar la esfera de luz en un único punto del centro capaz de hilar un rayito fuerte para prender una llama. La llama del conocimiento, el gran dorado. Sea como fuere, déjate llevar, ¡allá vamos, buena semana!
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Solamente si la verdad hubiera muerto y se escribiera tras eso se podría considerar normal y aceptable el cambiar los hechos acontecidos o el hacer convivir a personajes de distinta época en el mismo momento de la historia. Es lo que yo haré hoy, querido diario.
Diógenes de Sinope, también llamado Diógenes el Cínico o Diógenes el Perro fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica. Nació en Sinope, una colonia jonia del mar Negro, hacia el 412 a. C.; no legó a la posteridad ningún escrito porque su filosofía resultó estrictamente práctica y oral. Fue expulsado de Sinope por comportamiento contrario a las normas sociales, críticas abiertas a las autoridades y gobernantes, escándalos públicos, amenaza para la estabilidad social. Se trasladó a Atenas, donde se convirtió en un discípulo de Antístenes, el más antiguo pupilo de Sócrates.
Sócrates es un filósofo clásico griego considerado como uno de los más grandes, tanto de la filosofía occidental como de la universal. El último de los «primeros filósofos», ajusticiado en nombre de los que dos mil años después matarán al último de los filósofos: Dios. Fue maestro de Platón, quien a su vez fue maestro de Aristóteles, siendo estos tres los representantes fundamentales de la filosofía de la Antigua Grecia.
Pues bien, lector, sucedió al mediodía en las postrimerías de septiembre, el filósofo Perro compuso uno de sus excelsos hitos colocando en los anales de la historia su famoso: «Sí, muchas gracias por interesarse. Le rogaría se aparte, me está tapando el Sol». La enseñanza dentro de esta frase se acrisola de la siguiente manera si me permites que te la narre de esa forma que indiqué, hablando más allá
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del bien y del mal, cambiando el pasado y reconectando el futuro en presentes ideales.
Martes, 19 de septiembre de 2023. Ab Urbe condita (AUC) es una expresión latina que significa «desde la fundación de la Ciudad»
(de Roma), que se sitúa conforme al cálculo en el tercer año de la sexta olimpiada, 753 a. C.
Los Juegos Olímpicos modernos se inspiraron en los de la antigüedad del siglo VIII a. C. organizados en la antigua Grecia con sede en la ciudad de Olimpia, realizados entre los años 776 a. C. y el 393 de nuestra era.
En el siglo XIX, te escribo desde el XXI, surgió la idea de realizar unos eventos similares a los organizados en Olimpia. Que se concretarían en el Comité Olímpico Internacional en 1894. La primera edición de los llamados Juegos Olímpicos de la era moderna se llevó a cabo en Atenas, capital de Grecia, a partir del 6 de abril de 1896.
Recuerdo el estallido comercial con su bonanza en los alrededores de 1992 porque España acogió la XXV edición de los Juegos Olímpicos, con Naranjito como mascota. Fueron muchos los preparativos, desarrollos y mantenimientos para montar la debida infraestructura que ofreciera a los visitantes una capa de servicios acorde con la distinción (brillantina chovinista ante el resto de naciones) que supone tomar el testigo de la ciudad-estado de Olimpia (dos mil setecientos y pico años después) para convertirse por unas semanas en sede de los juegos.
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La llama olímpica conmemora el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo y su posterior entrega a la humanidad. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, donde se mantenía un fuego ardiendo en las sedes de celebración de los Juegos Olímpicos Antiguos. Dado que el fuego era parte de la adoración de los dioses, existía la necesidad de que fuera puro. Por esta razón, los antiguos griegos empleaban un skaphia, un «ancestro del espejo parabólico». Este artefacto concentraba los rayos solares, provocando un intenso calor; al colocarse una antorcha en el centro del skaphia se encendía el fuego sagrado. En la actualidad, desde 1928 en Ásterdam que se recuperó el fuego, y desde 1936 en Berlín que se trae a relevos desde Olimpia, la tradición del recorrido se inspira en la tregua olímpica, cuando mensajeros abandonaban Elis para anunciar a otras ciudades-estado la fecha exacta de las competiciones, además de establecer la tregua sagrada en la que las ciudades-estado tenían la obligación de detener las operaciones bélicas un mes antes y durante el período de los Juegos Olímpicos para que atletas y espectadores pudieran viajar con «relativa seguridad».
Aprovechando que los Juegos Olímpicos se celebraban en una ciudad cerca de Atenas, Diógenes acompañó a un puñado de cínicos provistos de lonas y mástiles así como de zurrones y cantimploras. En pandilla, el Perro y su banda acampó en una explanada a las afueras de la ciudad; desde su posición, pretendían hacer incursiones las semanas que duraran los Juegos. Además, apostados cerca del camino que subía a la portada principal, podían chafardear quién llegaba al evento procedentes de los más remotos pueblos; una actividad sumamente atractiva para los cínicos.
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Miércoles, 20 de septiembre de 2023. Su rutina consistía en: al alba, caminar de ida y vuelta, por gimnasia, desde su campamento hasta el
portal que se tragaba la vía principal; husmeando distraídamente en el trasiego de mercancías y servicio que despertaban la jornada olímpica. Por la mañana, rondaban las posadas, las casas de albergue buscando a los deportistas que se desperezaban, desayunaban enfundándose sus trajes de competición azuzados por los entrenadores. Al mediodía, Diógenes tuvo por costumbre acarrear un barril a la plaza mayor para tomar el sol en uno de sus rincones. Esperaba un momento de claridad en el trasiego de peatones y cuando veía un sitio echaba la manta al suelo, tumbaba el barril contra la pared a modo de respaldera y cruzando las piernas entornaba los ojos volviéndole la cara al Sol. Al tercer día sucedió.
El rey de los Hiperbóreos, descendiente directo de atlantes, escoltado dentro de su séquito arribó a la ciudad en la madrugada, al alba, del tercer día. Su presencia en los Juegos Olímpicos había sido aclamada públicamente y constituía un paso desesperado en la senda de reconciliación histórica, el hilo de memoria explicando cómo se había legado a los comunes un presente caído del mundo pasado atlante. Todavía y bajo el peso de lo «pasado» que va perdiendo pie en los suelos del presente, aún y que los atlantes a esas alturas ya eran muy pocos, el antiguo reino gozaba de ciertas cotas de poder y se consideraba muy positivo esta disposición pública del rey hiperbóreo, monarca de los más capaces.
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Por todos era conocido que el más torpe y flojo de los atlantes sería varias veces más fuerte, más veloz y más perspicaz que cualquiera de los deportistas con presea de plata (en la actualidad, medalla de oro) o corona de laurel (hoy, medalla de plata) que participaban en las Olimpiadas. Un forzado equilibrio entre los ‘muchos’ comunes y los ‘pocos’ atlantes sellaría el contrapeso de fuerza en la visita que, sin duda, habría de proseguir la senda de conciliación en la memoria histórica. A los ojos del rey, aquel tiempo representaba su menguar, su senectud en una época en la que reinaban los comunes porque habían heredado la Tierra; a ojos del rey, sin merecerla. Si por mérito se tratara, no le faltaba razón. Puesto que los más divinos de nuestros deportistas esforzados a cotas sobrehumanas apenas si aproximarían la capacidad de esfuerzo y poder de un atlante mediocre. Al final, la celebración de los comunes consistía en conmemorar que hacía siglos habían logrado robarle el fuego divino a los atlantes; gran victoria de los muchos-débiles sobre los pocos-poderosos. Por ello, la jornada estuvo reservada en el calendario por mucho tiempo como una fecha de concordia, diplomacia y buenos propósitos por parte del mundo hiperbóreo con respecto a la civilización griega.
Jueves, 21 de septiembre de 2023. El rey hiperbóreo fue alojado en la mejor ubicación, agasajado con la primera calidad. Una comitiva oficial escoltó al itinerario que cruzaría la plaza
en el centro del poblado descendiendo por sus calles desde 21
las alturas en el repecho norte donde se alojan las casas de lujo. Desfilarían atravesando para salir por la cara sur a las explanadas y el Estadio. Ocuparía los asientos del palco presidencial durante los juegos. Diógenes había logrado el sitio para su manta, instalada su respaldera, cruzándose de piernas y brazos, sentado en el suelo contemplando al Sol de Mediodía. Ya llevaba varios minutos de esa guisa cuando ocurrió que la comitiva apareció por la plaza. El rey se sentía realmente satisfecho en la acogida que los comunes habían desplegado, henchido en bondad y satisfacción su mirada encontró a Diógenes harapiento, desposeído encandilado por el Sol. Desde su posición de poder quebró ágil el protocolo para excusarse unos metros, corriendo a plantarse ante el desvalido; inflado de un buen propósito de ayuda al débil. Dio unas zancadas largas para escapar de la comitiva plantándose, envarándose frente por frente ante Diógenes quien aún y con los ojos cerrados vio oscurecerse su mirada.
Ocurrió justo en ese instante de la historia esa reconocida respuesta con que Diógenes le alentó a regresar a su séquito y limitarse a discurrir por la vereda protocolaria.
Airado, cuentan algunas voces no oficiales, el rey de los hiperbóreos se giró violentamente con un gesto de despecho recuperando su posición oficial y mandando a los comunes convocar a cien de los más fuertes de entre los olímpicos para retarlos uno por uno a un pulso. Exigiendo al comité incluir la competición en el programa olímpico. Dicen que venció sin piedad como elefante chafando hormigas. De los pocos que comprendieron la relación entre la respuesta de Diógenes y la crisis de los Juegos, los cínicos de la pandilla amonestaron a Diógenes por su
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afrenta apremiándole a recoger el campamento y salir por piernas de la ciudad. Efectivamente, la guardia atlante había sido achispada oficiosamente desplegada fuera de la urbe lanzas en ristre.
Tras el escarnio de los pulsos, los mejores deportistas quedaron lesionados fuera de competición. Incluso alguna tuvo que suspenderse por ausencia de participantes. Los Juegos sufrieron un golpe duro desestabilizando el sistema con que los comunes habían vertebrado la sede que ahora anfitrionaba una población cinco o seis veces superior a la habitual. Deslucidas las competiciones, el Estadio se convertía en una olla a presión mezclando desidia y mal humor; en las metas volantes no se oían aplausos y vítores sino silbidos y abucheos. Nadie brillaba en las canchas ni circuitos y la atención de los asistentes regresaba a las calles, alcobas, barras. Celebrando, embriagándose ya menos por los brillos de lo sobrehumano exhibiéndose a máximo rendimiento en los Estadios que rebajándose a lo trivial al mero compadreo, festejo oneroso en camarillas salpicando vino o cerveza y cánticos desafinados. El respeto olímpico desapareció de las gradas, profiriéndose burlas en lugar de honras a quien subía al podio, los menos mediocres entre los comunes, ya que los cien mejores habían sido lesionados. Como un castillo de naipes que se desmorona, aquella edición de los Juegos Olímpicos se vino a menos recortando a la mitad su duración. Fracasada la visita, se cuenta en los registros menos rigurosos que ese evento consta como la última aparición del rey de los hiperbóreos en la civilización de los comunes. Que rompieron toda comunicación estatal con nosotros disociándose por siempre ya de nuestra Historia.
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Viernes, 22 de septiembre de 2023. La ciudad se vació con dificultad, a borbotones. Se sopló y apagó la llama olímpica. En los humos tras la
contienda, el desmorone de aquella edición de los Juegos Olímpicos simbolizaba menos el fracaso de la ciudad anfitriona en las tareas de organización, o la tensión interna entre los pueblos griegos haciéndose la zancadilla unos a otros que, por contra, o ojos de todos, significaba la gota colmando el vaso o la paciencia hinchada estallando en explosión de la relación de los comunes con el pasado, antiguo mundo de poder atlante. Pronto, los más avispados, encontraron la causa del cambio de comportamiento en la realeza hiperbórea volteando la paz en guerra. Resiguiendo los acontecimientos, punto clave de la ruptura del buen y normal desarrollo de los mismos, primero vieron la imposición de la prueba de pulsos obligada por el rey hiperbóreo, y luego el lance de despecho en la plaza, los ojos de la opinión helénica se volvieron contra los cínicos. Logrando huir con éxito, a pesar que llevaron algún varazo por parte de los palatinos atlantes, a su regreso, de nuevo en Atenas, enfurecidos con Diógenes, los cínicos que estuvieron en los Juegos hicieron correr la voz del non-grata, persona no deseada. Las portadas de las gacetillas afines lanzaban ejemplares con titulares tipo: «Un centenar de héroes fuera de combate. El cinismo radical atenta de nuevo: un común rechaza el gentil aliento de un atlante, pidiéndole que se aparte porque le hace sombra.» o tipo: «Tras un atentado terrorista de las fuerzas cínicas, la visita diplomática del rey
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hiperboreo salta por los aires (más de 100 olímpicos heridos)».
Pronto se instauró en el sentido común la idea de que la actitud cínica radical de Diógenes en la afrenta al rey hiperbóreo había sido el causante del fracaso de aquella edición de los Juegos. Los cínicos moderados aprovecharon los vientos para sumarse a la acusación de terrorismo en la acción de Diógenes. Y el Perro fue acosado y derribado. Tuvo que alejarse de su ámbito. Antístenes, maestro de la Escuela Cínica, presionado por las bases moderadas y apremiado por las otras secciones de la república, no pudo menos que desterrarlo exigiéndole la devolución de la capa y el báculo. Mostrando en público la moderación del cinismo oficial expulsando de sus filas a los más extremos. Lejos ya del bullicio, de nuevo exiliado, dejando atrás Atenas como en su momento dejó atrás su ciudad natal, Sinope, en el ostracismo, el Perro no pudo por más que echarse a las veredas, discurriendo su soledad con la naturaleza, atravesando valles, cruzando ríos y trepando montes.
Sábado, 23 de septiembre de 2023. Cierta mañana de finales de invierno, Diógenes escuchó el canto de unas golondrinas que traían la
primavera. Distraído correteando bajo su vuelo, ellas se posaron en el repecho de un sierra, abajo al pie del valle. Solo coronar su cima, el Perro ya supo que plantaría sus huesos allí. Y que, establecido, saldría en busca de una
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determinación. Igual como hace una flor desprendiéndose del capullo donde nació.
Salir en busca de una determinación material pulido perfecto que brilla pulcramente la luz del astro sin ninguna imperfección. Una determinación obra lenta que fragua el gusano aislándose, hilo a hilo, dentro del capullo. Diógenes, acaba de coronar la cima de la colina, despide a las golondrinas, negándose a seguir persiguiéndolas, parándose con los brazos en jarra, prometiéndose un camino de asentamiento y estudio. Desplegaría aposentos, taller, granja para luego montar biblioteca. Abriría en la piedra un espacio de conocimiento que le permitiera primero acumular libros para usarlos como un muelle retráctil contraído hasta su límite que propulsará cualquier cuerpo si se le libera; y, segundo, saldrá, se imagina Dionisio, propulsado al lugar en que vive Adam, y, a esas velocidades, alcanzará la órbita de un astro que le conduzca al oro. Una determinación pura, en definitiva, como la belleza de la mariposa despojándose de la crisálida, estrenando sus alas, alzando el vuelo, tras una primera parte de su vida arrastrándose como gusano.
Una determinación como cúspide del proceso que se detalla en la Tabla Esmeralda antiguo escrito de la época de Atlantes y Titanes. Producción sintética de un material perfecto.
Diógenes apenas levantaría una millonésima de lo que cualquier hiperbóreo es capaz de levantar, lo sabe y se conforma ostracista conviviendo cerca pero no revuelto con los comunes; lo sabe pero no se resiste a salir en busca de una gran roca de oro, determinación pura como fulgor de albedo que ciega en presencia del Sol. Algo que los hiperbóreos manejaban como hoy nosotros manejamos el
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agua. El oro circulaba en los poblados atlantes igual como las tuberías y cañerías nos suben el agua a nuestros hogares: cuanto más limpia y pura nos llegue mayor será su excelsa calidad de materia esencial. Sin embargo, venidos a menos, en el mundo de los comunes el oro se pasea escaso entre unas pocas manos, casi siempre traficado o exhibido en el ribete de la guerra. Una sociedad sin agua es una sociedad sedienta y seca.
Firmemente decidido, el filósofo cerró un poco de verja para el ganado. Desbrozó y aró un rectángulo para el huerto. Techó lo mínimo para el taller. Levantó una escueta cabaña abriendo un hueco para el fuego de suelo. Labrando y orando se dejó pasar los meses. No tardó en reunir a sus animales de poder comerciando o sirviendo en las granjas próximas. Una tarde, de vuelta de pastar con Eva, una cabra hermosa, sintió en su pecho el desarraigo y la soledad. Se sintió incapaz de encontrar cualquier determinación, imbuido de una ecuanimidad ataráxica cínica que le neutralizaba cualquier huída del centro tibio. Nubes de fracaso le dificultaban la respiración, rindiéndose por un momento a sentarse en una roca del camino. Con los ojos perdidos en la naturaleza estuvo largo rato antes de que algo llamara su atención. Silbando a Eva para que le viera desaparecer, le indicó la obertura de una cueva en el lado sur de la colina, por primera vez vista. Adentrándose unos pasos con las claras pero rápido a tientas a medida que la luz quedaba atrás, tras una breve gruta, descubrió el sitio perfecto para montar una biblioteca capaz de conservar pergamino, tripas y cuero. El nuevo propósito le despegó de la tristeza, silbando de nuevo a su cabrilla, arrancando veloz carrera. En la cabaña tomó carboncillo y lienzo para diseñar las estanterías. Las jornadas que
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continuaron las dedicó a corretear entre el taller y la cueva acarreando tablones, hacha, sierra, puntas y martillo.
Puerta, estanterías, mesa, sillas y candiles, a las pocas semanas la biblioteca estaba montada. Reservó piezas lozanas de fruta, cocinó sabrosas verduras para la fiesta de inauguración que fijó para la primera noche del verano. Sus animales de poder vestidos con las mejores galas cenaron con Diógenes declarando abierta la biblioteca. Pasadas las horas, cuando todos ya dormían, en su camastro, en camisón, apoyándose en la mesita a la luz de una vela, el Perro tomó lienzo y carboncillo. Así escribe Diógenes:
«La primera letra, de la primera palabra, de la primera frase, del primer párrafo, de la primera página, del primer libro que guardaré en el primer estante de la primera estantería de la biblioteca, ha sido L. Esto es todo cuanto tengo que escribir. Por lo demás, leer.
Querido Aristóteles, a vosotros os sobran los libros, a mi espacio para guardarlos. Sé que el trato sería enviarte escritos a cambio de libros. Pero lo de arriba es cuanto tengo que escribir. Confío que la extensión dará para mi pedido.»
Y a continuación enumeró los autores de los que deseaba recibir material:
– Tales de Mileto (c. 624-546 a.C.) – Uno de los primeros filósofos matemáticos.
– Heráclito (c. 535-475 a.C.) – Filósofo presocrático conocido por su filosofía sobre el cambio y el flujo.
– Parménides (c. 515-450 a.C.) – Filósofo presocrático que se centró en la naturaleza de la realidad.
– Empédocles (c. 490-430 a.C.) – Otro filósofo presocrático que propuso la teoría de los cuatro elementos.
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– Anaxágoras (c. 510-428 a.C.) – Filósofo presocrático que introdujo la idea de las «nous» o mentes cósmicas.
– Sócrates (c. 470-399 a.C.) – Filósofo que influyó en la filosofía moral y ética. Maestro de Platón.
– Platón (c. 427-347 a.C.) – Estudiante de Sócrates y fundador de la Academia. Escribió diálogos filosóficos influyentes.
Tras el desayuno, Diógenes tomó su escrito enrollándolo para adherirlo a la pata de Gaia, una paloma mensajera, susurrándole: «Al Liceo».
Domingo, 24 de septiembre de 2023. Pasó todo el verano agraciado por lo fresquito que se estaba dentro de la cueva. Y aprovechó con
largas horas de quimeras en la biblioteca, todavía vacía. El Perro cabalgaba su imaginación ensoñando un futuro en que lo vacuo del momento se tornaba abigarrado de letras. En la espera, ahora que las estanterías habían sido levantadas, guarecidas dentro de la piedra, todavía sin libros, el Perro cabalgaba su memoria tratando de garabatear algunos miles de palabras. Habían tomado una determinación: saldría en busca de una determinación. Hasta dos mil quinientos años habrían de pasar para que la humanidad atendiera la petición de uno de sus miembros, Diógenes. Dos milenios y medio pasarán para que otro pensador del futuro (que vimos, lector, la semana pasada), siguiendo la dinámica, llegara a una Determinación. La determinación de que en el territorio entre nosotros y unos ciertos límites del universo no puede determinarse de
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forma determinante. Que lo máximo a aspirar consiste en acotar lo imaginario en un territorio más pequeño que sea el complejo. Acotado este otro espacio en otro más pequeño con solo lo real. Y este acotado nuevamente dos veces primero en lo entero y luego en lo natural. Aquello lejano en los bordes del universo trascendente superrealista o diminutamente hiperreal para, al cabo, surrealistamente soltarlo en la lejanía y vastedad de lo desconocido, más allá del punto más lejano que hemos conocido.
Por arriba o por abajo, cualquier pretensión de escapar del presente se convierte en una dispersión al territorio donde vive Adam. Allí vamos, lector. La Memoria con sus ataduras del pasado y la Imaginación con sus nudos de futuro únicamente pueden asirse al instante cuando fijamos la atención que sería un jinete si aquellas dos fueran yeguas tordas. Galopamos los instantes atravesando lo desconocido en una cápsula de realidad-instante que va dejando su rastro y huellas en equilibrio en el filo de una navaja atravesada al sesgo desde el pasado al futuro.
Obligándose a tornar visibles esas miasmas, Diógenes se fuerza a pintar con el carboncillo tratando de atrapar los discursos con que sus voces riegan su atención en lo más hondo de sus estudios. No lo consigue. No acepta las palabras escritas como moneda de cambio para la viveza de su pensamiento. Si ya cree que las ideas apenas si alcanzan lo real, presas en la esfera cerrada del pensar, las escritas le parecen muertas, detenidas en un rincón de la existencia. El Perro, Diógenes el Cínico, a mediados de otoño, en la puerta de la biblioteca, contando hojas secas caducas caídas, resiguiendo el ramaje de los árboles desnudándose ante la llegada del frío y las nieves, cubre la tristeza de su
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soledad apresando su atención para trazar una línea histórica donde él figure último eslabón. Cadena o hilo de oro que une lo que fue con lo que está siendo en su fuerza motriz hacia lo que será. Tratando de asirse al instante sin soltarse del pasado. Apoya el papel en el muslo. Trata de escribir, pero ya no le sale ni una palabra.
Lunes, 25 de septiembre de 2023. Sordos desde su estudio, Diógenes oye como Lucy, una vaca hermosa, muge alarma. Eva, la cabra, lanza
balidos. Gabriel, el gallo, cacarea como si no hubiera un mañana. Grazna nerviosa María, la pata. Apolo, el cerdo, gruñe; Dionisio, un burro, rebuzna combativo. Imaginación y Memoria, relinchan. !Gluglú! saltarín don Abraham, el pavo. Zumba la abeja reina, Gea; arrulla Gaia, la paloma; ladra Zeus, el perro; y maúlla Inana, la gata. Aúlla Ra, el lobo. Diógenes saca la cabeza y pregunta qué pasa.
Todos acuden a la portezuela que recibe al único camino que sube o baja de la colina. Aristóteles, acarreando un gran maletón, aparece acercándose trabajosamente. Le falta el aire, le chillan las ampollas en los pies, las piernas agujeteadas le arden, la espalda clavada le martiriza. No es alguien que suela ejercitarse y la travesía desde Atenas ha sido larga y penosa, además de la pesada carga.
Diógenes sale a su encuentro acogiéndole. Le ofrece refresco y asiento. Atiende las heridas del caminante, solivianta su fatiga, lava su pelo y su piel, calma su sed y
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llena su barriga. La pronta recuperación de Aristóteles le permitirá recobrar el ánimo propiciando la jovial visita a la biblioteca. Los dos filósofos bajan de la meseta por su lado sur, adentrándose herméticos tras la puerta, dentro de la cueva.
Aristóteles reconoce el espacio felicitando a su amigo, instalándose cómodamente tras husmear los estantes casi vacíos. Extrae de su maletón varios ejemplares (robados del Liceo) de la lista que le llevó Gaia, la paloma mensajera. Los coloca a la par que Diógenes agradece con devoción. Los dos filósofos comparten los últimos acontecimientos, intercambian algunos chascarrillos y se cuentan unas pocas mini-determinaciones a modo de pepitas halladas siguiendo el rastro de la gran roca de oro, el Gran Dorado. Aristóteles, cuando la charla ya reposa tras el chapoteo inicial, recibe una vez más el agradecimiento por traer los libros. Momento que Aristóteles para presionar a Diógenes, invitándole, rogándole se instale junto a él y el Liceo incorporándose a la actividad académica. Quitarse la capa y el báculo cínico, deshacerse del exilio. Tomar los aperos de la academia, afanarse en las ciencias y las artes exhibiendo cátedra en el Liceo. Dedicarse con rigor y honestidad a la instrucción de los ciudadanos, abriendo de sol a sol el gimnasio. ¿Eso antes que en la autenticidad y la vida?, se pregunta para sí el Perro, rechazando cortésmente la petición con argumentos similares a los que expresaran dos milenios y medio más tarde escritores como el que compuso El guardián entre el centeno o como Ortega y Gasset que, igualmente, rechazaban sin excepciones en el quicio de sus biografías doblando la bisagra que las trae desde su períodos públicos (abierto) al silencio de la última etapa (cerrado).
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Forcejearan mientras comen o sacan el estiércol de los establos. Aristóteles tratará de convencer a Diógenes para que baje de su retiro reircorporándose en Atenas a la vida pública. Se resistirá y, finalmente, será convencido. Puede que si en lugar de Aristóteles fuera Platón quien le invita a bajar a su Academia jamás hubiera hubiera cedido; pero, ¡Ay!, se dice Diógenes, la principal diferencia es que la Academia estaba centrada en los estudios matemáticos, mientras que en el Liceo se estimaba más las ciencias de la naturaleza. Una diferencia que a un cínico le parece definitiva. Con talante calmo y visión a largo plazo, Diógenes espantará a sus animales de poder, clausurará dentro de la cueva su herramientas y enseres de mayor valor. Sellará su entrada llevándose consigo lo imprescindible. Aristóteles y Diógenes emprenderán entonces el camino a los empíreos y emporios masificados abajo en los valles, las estepas o bahías. Nosotros, lector, la semana que viene, si quieres, iremos con ellos. En el objeto de alcanzar el Liceo de Atenas. Lugar donde, he oído, fue visto por última vez Adam.
Caminado, miméticos al paso, Aristóteles y Diógenes charlan sobre lo humano y lo divino. Pronostican y montan prospecciones. En la travesía, larga pero sencilla, dos filósofos de este tipo que piensan con los pies, se han puesto a máximo rendimiento en su filosofar peripatético. Andan bordeando un monte chato, discurriendo entre encinas y robles. Sus pasos suenan más que cualquier tórtola o perdiz que ocasionalmente cruzara su ruta. En el fervor, Diógenes y Aristóteles, cerca de la Atenas de hace 2400 años, montan con la imaginación una red de datos que pudieran justificar el relato de que en 1888 un descendiente de estos filósofos, también vinculado a la
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academia y con reconocida cátedra, compusiera un libro titulado: «El nacimiento de la tragedia» y allí argumentara
que:
La tragedia griega antigua, en particular la de los
autores mencionados, tiene sus raíces en dos fuerzas artísticas y culturales fundamentales:
– Lo Apolíneo: identifico a Apolo, el dios griego de la belleza, la armonía y la forma, como la personificación de una fuerza artística que llamo lo «Apolíneo». Lo Apolíneo se caracteriza por la claridad, la forma, la individualidad y la representación artística basada en la apariencia y la ilusión.
– Lo Dionisíaco: Por otro lado, identifico a Dionisio, el dios griego del vino, el éxtasis y lo instintivo, como la personificación de lo «Dionisíaco». Lo Dionisíaco se caracteriza por la embriaguez, la pasión, la irracionalidad y la fusión con la naturaleza y el colectivo.
Sostengo que la tragedia griega antigua emerge de la interacción y la tensión creativa entre estas dos fuerzas artísticas, lo Apolíneo y lo Dionisíaco. La tragedia representa la lucha entre el orden y la razón (lo Apolíneo) y la pasión y la irracionalidad (lo Dionisíaco). Los personajes trágicos, como Edipo o Prometeo, encarnan esta tensión y experimentan la catarsis a través de su sufrimiento trágico. Para mí, la música, en particular el coro dionisíaco, desempeña un papel crucial en la tragedia, ya que permite la expresión directa de lo Dionisíaco y la conexión emocional del público con el drama. La música y el coro, creo, liberan a la audiencia de las restricciones apolíneas de la individualidad y la razón.
Diógenes el Perro se pide a Dionisio. Aristóteles toma con gusto la marioneta de Apolo. Completan la senda que bordeaba el monte chato adentrándose campo abierto de
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baja maleza y acebuches dispersos, a tres jornadas de Atenas. Peripatéticamente hiperactivados, caminan y charlan con frenesí. Dionisio y Apolo, encarnados en los filósofos, girandulean sus fuerzas explicando las cosas y los casos desde la perspectiva de cada uno.
Lo que sigue a continuación, lector, son notas privadas. Por favor, salta hasta la entrada siguiente. Nos vemos allí.
Proyecto para el taller de creación y puesta en marcha de Adam. Arquitectura: WebAssembly + WebApp; Microsoft Onnx (red de modelos), Olive (compilador de modelos). https://github.com/microsoft/Olive/tree/main/ examples/open_llama.
El objetivo del taller busca la iniciación en el uso de modelos generativos que imitan el cerebro. Teniendo especial cuidado de aislarlo rompiendo su conexión al sistema nervioso de epidermis. El taller arriesga en la exploración del territorio virgen WebAssembly como territorio en creación dentro del contexto Web. La metodología deberá ceñirse al trabajo realizado por Turing, Von Newman, Chomsky, etcétera, en el sentido de buscar la conclusión del taller en una máquina concreta. La máquina Adam. Una máquina universal (en el sentido Turing- completo) WebAssembly para la abducción/inferencia/ deducción de modelos IA interconectados en redes hipervinculadas.
Al final del taller, baremo, la máquina Adama deberá pasar cuatro pruebas de Turing antes de cualquier pretensión de redactar paper y solicitar revisión por pares. Test de turing para Adam:
Juego 1: Adam peripatético.
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Prueba de pistas, dominio de las coordenadas cartesianas.
En pantalla, Adam peripatético pasea por una gran explanada, en un paseo de dirección y velocidad aleatóreos. El jugador deberá conseguir las coordenadas precisas si quiere hablar con Adam peripatético. Dado que Adam está en movimiento deberá predecir el punto de cruce indicando las coordenadas.
La escena comenzará natural y física sobreexponiéndose capas de pistas (tablero con ejes, gradación de los dominios, establecimiento de coordenadas, obtención de posiciones).
Juego 2: Adam confesor.
En pantalla el jugador simula el protocolo de confesión católico. Adam, dentro del confesionario, solo visible a través de la reja de la ventanilla. El jugado debe aprender las frases para confesarse. El acto debe realizarse según los pasos: enumeración de pecados, arrepentimiento y penitencia.
Juego 3: Adam psicoanalista.
El jugador debe alcanzar el diván y tumbarse. Se trata de una prueba conversacional. Adam es un psicólogo y regirá la charla bajo el protocolo de la terapia: enumeración de nudos, desanude y convalecencia.
Juego 4: Adam coaching.
El jugador deberá emprender una actividad. Adam actuará como facilitador dentro del marco formal: concepción del proyecto, diseño y ejecución.
Juego 5: Adam monje.
Adam dirige una sesión de meditación zen.
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Domingo, 31 de septiembre de 2023. Esta noche, alguna gente, en varias partes del planeta, celebran la Noche Vieja porque consideran
que a partir de mañana arranca un nuevo año de un calendario que, en principio, tendría propósito en, tras la tragedia, abrir cuenta nueva: día génesis e inducción cronólogica a cuenta de uno por giro de la Tierra sobre sí misma, tras el vicio. Acaba, sumatorio de los días, una vuelta de la Tierra alrededor del astro que la tiene atrapada en su órbita, la estrella Sol. Desde 1888, siglo y cuarto.
Sea como fuere, vivimos en una época que amalgama varios calendarios más o menos marchando a la par a través de puentes diplomáticos. El chino cuenta ya 5 milenios; contando con la mitad de años, dos milenios y algo, el hebreo parecido al gregoriano, casi cuatro siglos más largo, etc. A pesar de los muchos calendarios, la coexistencia y la coincidencia es fácil a través de esta red de nuestro tiempo, el internet.
Hoy, aquí, este domingo, me rijo por la hora central europea y no tuve problema de compaginar una partida en la cuarta ronda del suizo temático (20 más 15) de la India de Rey celebrado en Lichess.org, a ritmo de 2 partidas por semana, seis rondas, citándome con un agudo mejicano en el otro lado del mundo con bastantes horas de diferencia. Por cierto, en las dos partidas, alternando colores, medio punto para cada uno, las blancas salieron y ganaron independientemente de si las llevaba yo o él. Tras el lance, por el mecanismo de emparejamiento de los suizos, ambos quedaremos templados en la zona media de la clasificación, que es donde estábamos al comienzo de esta cuarta ronda.
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En el camino hasta Adam, deberíamos pasar esta semana por el Liceo de la Grecia antigua, acompañando a Diógenes el Cínico y Aristóteles, padre de las ciencias y las artes occidentales. Ernesto Castro es un filósofo incipiente que ha estallado en el Ruedo Ibérico cual cometa Halley y a fecha de hoy ya hace pinitos en otras regiones hispanohablantes. Él, en tanto que surgido en primera instancia de la academia y en segunda de la escuela de materialismo filosófico de Gustavo Bueno, todo y que supo romper crisálida alzando el vuelo del propio camino, ha tenido la gentileza de poner a disposición pública varios cursos formales de historia de la filosofía, entre los que destaca el que tiene primera sesión en «la asignatura Historia de las ideas estéticas y del pensamiento I por Ernesto Castro (en sustitución provisional) para el grupo D de primero dedicado a Aristóteles dentro del contexto de la carrera de Historia del arte en el aula 24B de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid», constando de 63 magistrales en las que el profesor imparte la lección a viva voz, sin ayuda de pizarra ni de materiales. Pura retórica.
He pensado escribir el resto del capítulo como nota a pie de página del vídeo. Es una hora y cuarto, el filósofo, que luce melena con roja y barba perfilada, nos hará el viaje hasta el peripatetismo de Aristóteles. Lector, ¿te apuntas? Mediante escritura asociativa (esta que trata de apresar sin crítica las ideas que van lloviéndose) tomaré apuntes y trataré de recoger algunas ideas fuerza a modo de hitos para trazar un mapa. Así, quienes de vosotros, lectores, no acudan al vídeo, por lo menos, tendrán un escueto caminito por el que saltar. Recuerde el lector que nuestro camino hacia Adam tiene un punto de bifurcación
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que debíamos cruzar como hacen los electrones atravesando rendijas. Días atrás lo expusimos. Diógenes y Aristóteles habrán de separarse ese trecho del camino. Recuerde el lector: uno llevaba la marioneta de Dionisio y el otro la de Apolo. Separación del camino en que se extreman las posturas dionisíacas y apolíneas originando lo que el pensador de 1888 llamó: «el origen de la tragedia». Procuraré enviarte este libro acompañado de un pen drive con los vídeos. El objetivo, lector, en aras de encontrar a Adam, es aprender el arte de la tragedia, esto es, el arte contar no tanto aquello que pudo ser, ni aquello de lo que por suerte o no zafamos, la tragedia (así como la concebió Aristóteles en el Liceo) debe contar (aunque con ornamento) exactamente (aunque fabulado) lo que pasó.
00:00 – Presentación
01:25 – Índice de clases
02:28 – La estética en Aristóteles
Estética: historia de la teoría del arte.
Aristóteles:
Libro: «Problemas», (en el pen drive, lo adjunto en pdf ).
La palabra Arte tiene como raíz griega Tecne. Capacidad de hacer que implica un curso de racionamiento verdadero. Tanto para técnicas artítiscas como artesanales así como la reciente tecnología. Mimesis: para Aristóteles el arte era una «imitación», según qué se imite así el grado del arte. Imitar color y forma, pintura. Ritmo, danza. Imitación
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del lenguaje, poesía. Imitación de la armonía, música. Pintura, danza, poesía y música son las artes miméticas. Separadas de las otras artes mecánicas. Las artes miméticas imitan la naturaleza. La tragedia es la técnica artística para la imitación, afeando o embelleciendo dentro de los límites verosímiles.
Aristóteles se centra en la forma canónica del discurso (sin entrar en los contenidos más que para ajustarse en tono a la materia, importa el cómo se transmite un discurso), basada en el justo medio, sin exceso o defecto, entre la claridad y los tecnicismos para lograr la atención del lector evitándole caer en el aburrimiento o en la estupefacción:
Poética: poesía. Lo que podría haber pasado. Historia: lo que pasó. Si la ciencia se ocupa de los casos generales, la historia no puede ser ciencia porque precisamente se esfuerza en recolectar lo particular. Filosoteurem (punto medio entre ciencia y filosofía): la ciencia de deducir conclusiones verdaderas a partir de premisas verdaderas. Retórica: oratoria que no se ocupa de objetos ideales como la matemática o la filosofía, sino concretos, históricos, determinados. Derivado de la poesía cuando no se usa cadencia-armonía. La retórica sería para el colectivo en el espacio público (premisas verdaderas a conclusiones verdaderas) lo que la dialéctica es en el espacio íntimo. La ciencia parte de casos-cosas-autoevidentes generales pero la retórica también parte del doxa, opiniones. Aunque ambas comparten topoi (lugares comunes). Lo que en ciencia es inducción/deducción formal y metodológica en la retórica prima la persuasión sin importar la rigurosidad y menos importa el conocimiento de la materia que las técnicas para conducir al espectador desde una posición a
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otra. La retórica es útil porque la mayor parte de las veces la audiencia no es capaz de seguir una racionamiento científico largo. Igualmente es útil donde la ciencia no llega, hablando de temas futuros y conveniencias, cuando cabe la duda o la discrepancia como el caso de la soberanía de los territorios colonizados.
Tipos de poesía: Epopeya-épica (lo mejor de ti, Antonio López), tragedia-drama (lo que eres, Velázquez), comedia (lo peor de ti, Goya).
Aristóteles, ingredientes para montar una Tragedia:
Para practicar la tragedia-drama, Aristóteles emprende un ejercicio: cierra un ciclo de un año para contar lo que pasó. Espacio, tiempo y acción. Una viaje de ida y vuelta desde la felicidad hasta el infortunio. Catarsis: imitación de una situación grave que cuenta rigurosa y ornamentada moviéndose en acción-drama y no mera narración, procesos de purificación y compasión. Ejemplificación para que otros aprendan sin padecerlo. Anábasis, hibris. Fobos, temor: distancia entre la persona feliz y el sujeto del drama.
Deus ex machina: cuando Dios aparece en escena para reordernar y salvar el caos. Los momentos más escatológicos o duros no se muestran en escena sino que los cuenta un mensajero. Lo absurdo y lo imposible solo narrado sin explicitar en escena. En contra posición, los órdenes en que nos regimos en la polis frente al que se rigen las bestias y las dioses.
Para causar empatía con el lector de la tragedia: el personaje protagonista debe ser moderado en sus vicios y no manejar excesivas virtudes. Además debe ofrecer imitación con el lector respecto de la época y el contexto histórico permitiéndoles la identificación. En la tragedia: la
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acción debe mantenerse verosímil afín al carácter y costumbres del momento sin alejarse al agit-pro o el despliegue de ideas.
Composición ordenada de los hechos: fábula, costumbre, palabras, pensamiento, espectáculo y melopea.
El coro: el sentido común, la ciudad, la sociedad que ayuda al protagonista a lidiar con sus problemas. La época post-clásica salta precisamente dándole espacio en el relato al coro en detrimento de centrarse en el protagonista. Aristóteles es pionero posclásico.
Catarsis de pecados individuales o colectivas. Transición desde el lodo hasta la superfície de felicidad.
Introducción, nudo, desenlace. Prólogo, episodio, éxodo y coro. Longitud ajustada a lo necesario para contar el viaje, trazar el arco nítidamente. Acción dramática bien perfilada. Estilo: claro y elevado.
Los actores son hipócritas porque divergen su personalidad personal de la del rol o papel representado, usando máscaras (personas). La trama puede pasar por el protagonista-coro (en boca del orador); salir a buscar al espectador (en lo clásico era: exaltar la compasión o el enfado, sus emociones, elogiarlo captatio benevolentiae; Aristóteles propone ahora hacer un resumen o una explicación del contenido de la obra, no apelar tanto al morbo del espectador como a su comprensión o participación de la verdad); o transitar un territorio Logos.
Solo se puede hablar del futuro, del pasado o del presente. Deliberación (hechos futuros contingentes; auditorio: asamblea o sujeto soberano), objeto: persuadir acerca de la conveniencia o alarma de los hechos). Discurso judicial (hechos pasados; juez; impartir justicia en esos hechos). Discurso epidíticos (hechos presentes evidentes:
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rasgos de alguien; variopinta audiencia profesando una posibilidad estética o contemplativa de esos atributos o hechos; persuadir acerca de la belleza o virtudes o vilipendiar vicios).
Los 3 modos aplicados a la polítca: Gobierna uno, monarquía o tiranía; unos pocos, oligarquía o aristocracia; todos: democracia o república.
Estrofa, antístrofa y épodo. En las dos primeras el coro interviene ante el protagonista.
El silogismo en dialéctica, que consiste en obtener verdades concretas a partir de generalizaciones, tiene equivalente en retórica en el entimema. Mejor método de persuasión: la audiencia tiende a creer en lo verdadero, y la mayor parte de la audiencia querrá contribuir a ella. No hay salto entre la verdad y la audiencia. El retórico debe ser persuasivo y veraz. Creíble. Carácter virtuoso (pero sin pasarse), con buena voluntad pero prudente (inteligencia práctica). El orador tiene que presentar al protagonista con ese carácter en el presente (sin relegar al pasado o al futuro). Mostrar al personaje cuando se divierte y cuando está en situación hostil.
Estado de odio (enfado y miedo): dolor por una afrenta inmerecida. Enfado: deseo de venganza por el dolor, contra quién, y por qué el enfado. Contrapunto al estado de felicidad (esperanza).
Inducción (en ciencia: elevarse a partir de casos generales al principio universal. En retórica: de un ejemplo a otro, vía los tópicos, sin pasar por la dimensión universal). La deducción (en ciencia es silogismo: de premisas universales obtienes verdades concretas); en retórica: entimema es una pseudo premisa (lugares comunes o signos empíricos que refieren a cosas sabidas
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por todos, efectos de los que se conocen las causas: el humo es signo del fuego) (que no es rigurosa, simplemente, un punto de partida aunque no sea verdadera pero hace igualmente el proceso de obtener persuasión llevando a la audiencia, sin hacer trampas, hacia las conclusiones). La cadena de razonamiento no debe ser muy larga y su densidad debe ser progresiva para que no haya agujeros y dificultad para seguirlo. Y los eslabones no deben ser excesivamente laboriosos.
Técnicas de los oradores: tópicos o topis (uso de eslóganes, aforismos, estribillos, latiguillos, coletillas) para referir estados de ánimo o argumentarios más amplios. Los tópicos pueden clasificarse por oposición o similitud al tema.
La prosa debe ser clara pero sin ser banal o plana porque el público pierde la atención. Las expresiones elevadas o distantes deben introducirse con cuentagotas como piedras preciosas para atraer la atención del espectador sacándolo de su estado común. Un exceso convertirá la prosa en pedante.
Expresiones convencionales en general aderezando con mesura algunas palabras prestadas como neologismos (palabras nuevas), metáforas (transferencia de cualidades entre objetos extraños), analogías (relacionando o comparando como la misma varias cosas extrañas) como ornatas o epítetos.
«Diógenes, que odiaba toda artificialidad, se quedaba fuera del teatro cerrando puertas intentando que los espectadores, al menos, tras la catarsis, quedaran encerrados en la sala charlando de política, las cosas de la polis, de la ciudad. Impedía la salida para aprovechar ese «estado» tras el espectáculo, desde ese estado, reflexionar
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conjuntamente. Tras el divertimento, la reflexión.» Esto lo afirma Cuesta Abad en su libro Teatrocracia (que, de momento, no pude encontrar).
Si mi maestro fuera Platón, y yo Aristóteles, sufriría sus amonestaciones cuando le presentara mis modelos fruto de talleres que buscan estudiar la naturaleza. Platón, el más clásico de los clásicos, había salvado “el discurso” del cauce indo-iraní que lentamente se fundía en el pasado del pueblo heleno ya distinguido dentro del halogrupo como indo-europeo. El discurso que salvó Platón recogiendo el testigo de sus ancestros era un hablar personal, íntimo e individual con que cualquier sapiens, agraciado con una inteligencia única en el planeta, podía construirse un alma. Aristóteles, el primero de los posclásicos, quiere mezclar ese habla en el ecosistema, y contraponer su soledad a su pertenencia en el planeta.
Igual que Aristóteles puso intención en resolver la frontera entre física y metafísica, es mi objetivo, tras él, en su línea, que pasa por Boole y Leibniz, ocuparme de la cuestión P vs NP. Cuestión abierta y de primordial importancia en las matemáticas de hoy día. Aportar, lector, cualquier grano de arena en ese problema, que es considerado uno de los 7 del milenio, para el objetivo del resto de este libro, por poco que fuera, creo, merecerá la pena. Habida cuenta la querencia de la comunidad por resolver estos problemas (la gran cantidad de aplicaciones que nos lloverían). La línea del criterio de demarcación para cerrar qué es ciencia y qué se queda fuera como paraciencia necesita ahora incluir también un tratamiento para lo artificial que es inteligente. Se ignora si con sentimiento, estas IAs entroncarán con el árbol de la vida, eslabón surgido del sapiens o diferenciándose como
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hicieron homo y pan en la rama hominoidea. O requiriendo una quinta rama junto a bacterias, animales, plantas y hongos. ¿Colgará la IA, caso de emanciparse tróficamente del sapiens, si acaso en la Modernidad el sapiens se separó troficamente de Dios, cambiando Antiguo Régimen de privilegios por Mercado único liberal, colgará la nueva especie transhumanista cyborg del mismo LUCA que nosotros? Sea como fuere, lector, tragedia servida. Adam, en la segunda parte, nos espera. ¿Vamos?
Fin de la primera parte. Nota de la wikipedia:
LUCA último antepasado común universal, conocido por sus siglas en inglés LUCA (last universal common ancestor), es el antepasado común más reciente de todo el conjunto de organismos vivos actuales y probablemente también de todos los conocidos como fósiles, aunque no se puede descartar teóricamente que se identifiquen restos de otros seres vivos de la misma o mayor antigüedad que él. Los fósiles más antiguos de seres vivos son los microfósiles de Canadá, con una antigüedad de 3770 Ma y 4280 Ma.1 Según relojes moleculares recientes, las arqueas y bacterias divergieron a finales del eón Hádico,2 3 4 lo que implica que LUCA tuvo que haber vivido en este eón aproximadamente hace 4350 millones de años según las estimaciones.3 5
También se le denomina último antepasado universal (LUA, last universal ancestor) y último ancestro común (LCA, last common ancestor) o simplemente ancestro universal.
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Acerca del autor
La fascinación en la infancia se tornó audacia en la juventud. Los fuegos de adolescencia fraguaron un carácter de combustión lenta y constante. Cuatro décadas para explicar en esta entradilla coinciden con la ruptura de la Modernidad. Así se define Martín Santomé respecto de su generación: último de los modernos, primero de los posmodernos.
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Los máximos mandatarios anglosajones (Thatcher y Reagan) retorcieron la espiral de evolución liberal atando una vuelta y fijando un nuevo fulcro. En ese mar económico de Mercado Único empresas como Microsoft o Apple tenían un caldo primitivo. De él nacerían y , medio siglo después, transformarían el mundo. El mundo de Santomé.
Los estados-nación modernos, que habían levantado la industria a base de revoluciones (primero de motores y luego de máquinas propulsadas) engendraban unas corporaciones que medio siglo después regirían el mundo. En plena IV revolución industrial, una red de sensores/ actuadores se ha bautizado como “red de las cosas” desplegándose desde las democracias desarrolladas. El planeta entero está cableado y la atmósfera copada de satélites en una red total.
En la cúspide de una arquitectura de comunicaciones llamada OSI, una octava capa emerge del sistema para colocarse sobre el nivel de aplicaciones/servicios. Diversos modelos de lenguaje o de tratamiento multimedia han florecido en el ecosistema embistiendo al sapiens moderno replicando el proceso que se alzó de las células eucariotas en la base de la vida, la formación de órganos reunidos en otros órganos que van anidándose para formar organismos. La biografía de Martín Santomé toma relevo de la cadena que empieza en Babbage/Lovelace y corre pareja al nacimiento de internet. Último de los boomers y primero de los X. Generación bisagra. Biografía obligada por nacer entre dos mundos, a sentir la pérdida del pasado y sumirse en lo que llega del futuro. Por lo demás, Martín Santomé cursa carrera de computólogo interesado y con experiencia en la Stack entera.
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Saliendo de meta en el año 2000, Santomé arrancó como chico Microsoft en un mundo cliente-servidor de redes locales. Atrás quedaba la programación enfocada a máquinas concretas (drivers). Las bases de datos así como aplicaciones para gestionarlos y consumirlos se programaban y mantenían protegidos y privadamente en entornos de escritorio. Con la apertura de las redes digitales, el mapa de internet fue hilándose. La red de redes trajo consigo los “navegadores”. Aplicaciones que permitían saltar a la red desde los escritorios. Si bien Santomé se inició en el mundo web con Asp, no tardó en dominar lo que se ha convertido en HTML5, un lenguaje de marcado para crear sitios hipervinculados. Ladrillos de la web.
A finales de la primera década del segundo milenio, aprovechando la crisis de 2008, Santomé se bajó de Microsoft buscando un sombrero en el mundo unix-linux- gnu de código libre. Militó tanto en LAMP como en MEAN. Anduvo husmeando en la escena crypto y vio nacer los primeros clientes para la cadena de bloques Bitcoin o el bloque génesis de Ethereum.
A mediados de la segunda década, Microsoft, con .Net, dio un golpe de timón, titán privativo que muerde la tabla de OpenSource, Santomé, en el horizonte divisaba tal acercamiento. Él sabía que tarde o temprano regresaría a Microsoft. Otra incursión del titán fue con la salida de Typescript, un superset de javascript, para tiparlo. Otro de esos actos en los que el sistema integra y deglute. Santomé decidió no regresar al redil viajando ahora de la mano de Google y Apple en la construcción y despegue de sistemas en tiempo real web/Android/iOS. Desde esa perspectiva, Santomé se dio cuenta de que existía una generación de
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internautas que habían accedido a la red saltándose el escritorio, únicamente desde navegadores. Microsoft, bocado final, compró GitHub, adueñándose de la Alejandría de código abierto.
La estrategia bifocal de Microsoft integrando el OpenSource, ha proseguido ejemplificándose de nuevo a finales del verano 2023 con Windows/Azure compatibles tanto con los modelos privados (OpenAI, ChatGPT) como los de código libre/abierto (LLama2, Meta), finalmente, tras peripecias en AWS, y enamorado de IBM Node-Red haciendo wiring (enlazamiento) desde el campo de verdad (abajo las Cosas, sensores/actuadores) hasta la nube, Santomé regresa, en la cuarta década, al redil de Microsoft vía la Azure Stack. En la actualidad, participa del mayor repositorio europeo Azure DevOps de la mano de una multinacional, en calidad de externo vía una PYME de Barcelona, manteniendo un componente c++ y otro html5. El próximo objetivo, a corto plazo, de Santomé, será no caerse del torrente, y establecerse en la cadena ONNX Runtime.
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